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Puma renace con Usain Bolt

26 agosto 2009

Usain Bolt muestra su trofeo tras ganar en Pekín la final de los JJOO 2008

Todo nació en Berlín, en 1936. Todo comenzó con Jesse Owens. Y lo inició Adolf, Adi, Dassler, el hijo de un zapatero de Herzogenaurach que se coló en la Villa Olímpica con una maleta llena de zapatillas fabricadas por su hermano, Rudolf, y él y que convenció a Owens de que compitiera con ellas: las Dassler Brothers, las primeras zapatillas con clavos removibles. No le pagó por ello. Se las regaló.

Después de la II Guerra Mundial, los dos hermanos se pelearon. Cada uno montó una empresa de calzado deportivo. Adi Dassler fundó Adidas; Rudolf, Puma. En la feroz competencia entre ambas, alimentada, en unos tiempos en los que los deportistas olímpicos eran idealmente amateurs, con sobres de dólares bajo mano, se impuso Adidas, ayudada por sus contactos con las federaciones, los atletas y el movimiento olímpico. Hasta que llegó Nike. En los 80, Nike arrasa y deja herida de muerte a Puma. Adidas logra sobrevivir. En 2006 el grupo francés Pinault, propietario de FNAC, Gucci y otras marcas de venta por catálogo (Venca), adquirió Puma. Pero desde que, en 2008, Bolt no se olvida de quitarse las zapatillas naranjas con suela de fibra de carbono después de cada carrera y celebrar con ellas en la mano para que salgan en todas las fotos, Puma ha renacido.

Bolt está comprometido con Puma desde que tenía 16 años, y cobra una barbaridad, pero no más de millón y medio de dólares por año. Los analistas de mercado han estimado que después de Pekín el valor mediático de Bolt equivalía a 250 millones de euros. Puma, que también patrocina a todo el equipo jamaicano, ha reconocido que “las ventas en agosto han sido espectaculares”, en palabras de Jochen Zeitz, presidente de Puma, una empresa que no disimula los apuros de la crisis mundial. Sus beneficios en el segundo trimestre del año bajaron un 16%, por culpa del descenso de precios necesario para mantener las ventas, y las perspectivas en el segundo semestre hablan de un retroceso. Pese a Bolt, pues tampoco un hombre solo puede cambiar la marcha de la economía mundial. Aunque sí la historia de Puma.

VER: Bolt reescribe la historia de Puma, de C. Arribas

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