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Semana de pánico en las Bolsas

8 octubre 2008
Jean-Claude Trichet, presidente del BCE  /AP  

En esta semana todos hemos perdido en parte la confianza en el sistema económico internacional. La crisis de liquidez de que vienen quejándose los bancos ha llegado hasta el parqué, y la segunda semana de octubre de 2008 ha traído el pánico a las Bolsas de medio mundo. La falta de confianza está en la base de la crisis de liquidez que está asolando los mercados financieros y se traduce en subidas en el mercado interbancario, donde se fija el Euríbor, índice de referencia de la mayoría de las operaciones. A este falta de confianza se suman una crisis de materias primas en el tercer mundo y una subida espectacular del precio del petróleo, que parecía no tener fin (150$ el barril cuando estalló la crisis). En resumen, tres grandes crisis que hacen que las entidades se presten menos dinero y a un precio más caro. Los bancos han quedado a merced de operaciones arriesgadas y han caído en cascada por la crisis de hipotecas subprime  o activos tóxicos en el argot de la Fed. La tardía rebaja de tipos de los Bancos Centrales no ha modificado drásticamente esta tendencia en unos mercados dominados por la desconfianza y el sálveme yo. Han sido los peores días desde el crack de 1929. Del lunes negro de 1987 hemos pasado a la Semana Negra de 2008. El centro neurálgico del sistema financiero, Wall Street, no conocía una bajada tan espectacular en los últimos 112 años. Y eso que todavía puede no haber terminado.

Las Bolsas europeas se desploman

Si el lunes 6 de octubre el parqué madrileño se derrumbó más de 6 puntos, al cierre de la sesión del miércoles 8, la caída era de 5,20 puntos porcentuales, el tercer mayor recorte del año, dos días después del segundo y en una Semana Negra para las Bolsas de todo el mundo. Tras la intervención del Banco Central Europeo (BCE), la Fed y los bancos centrales de Gran Bretaña, Canadá, Suecia y Suiza, al igual que China y Australia, que redujeron en medio punto el precio del dinero, el jueves 9 de octubre la situación era otra. Si en otro momento el recorte hubiera desatado la euforia en los mercados, ocurría justo lo contrario: tras una efímera recuperación, las Bolsas se despeñaron en Asia, en Europa y algo menos en EE UU. La sensación era que ni siquiera los tipos servían ya como varita mágica. España no se salvó de la quema, a pesar del plan del Gobierno para dar aire a la banca, y el Ibex 35 cayó más del 5,2%. El pánico general provocó ataques especulativos sobre las divisas latinoamericanas, que obligaron a intervenir a Brasil y México en defensa de sus monedas. Malas noticias adicionales: la crisis llegaba a los países emergentes, y las multinacionales españolas y los grandes bancos con presencia en la región la sufrirían con rapidez. De nada sirvió el alud de informaciones destinadas a calmar el marasmo. Los tipos norteamericanos se quedaban en el 1,5%; y los europeos, en el 3,75%, en lo que suponía la primera bajada en cinco años. El presidente de la Reserva Federal de EE UU, Ben Bernanke, avanzó que la Fed seguiría actuando de forma agresiva. El presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, que un día antesr negó que fuera a bajar los tipos, reculaba. Trichet justificó la rebaja por el alivio de las tensiones inflacionistas, prometió “liquidez ilimitada a los bancos”. El BCE anunció subastas semanales a tipo fijo para todo el dinero que pida la banca, buscando inyectar liquidez y solvencia al sistema. A pesar de ese giro, Trichet fue el blanco de las iras de muchos economistas, que llevaban meses pidiendo medidas de ese calibre. Nouriel Roubini, de la Universidad de Nueva York, declaró que el recorte “es positivo, pero llega demasiado tarde y es escaso. El BCE debía haberlo hecho antes para evitar la recesión y mitigar la virulencia de la crisis”. “La rebaja debería de haber sido de al menos un punto para tener impacto”, abundó Robert Leonardi, de la London School of Economics. “Al menos, los bancos centrales reconocen por fin la gravedad de la situación. Es un primer paso para estabilizar los mercados”, afirmó Charles Diebel, de Nomura. El viernes 10 el selectivo Ibex 35 vivió una nueva jornada de pérdidas, con una caída del 9,14%, en línea con el resto de parqués del Viejo Continente, y cerró por debajo de los 9.000 puntos por primera vez desde marzo de 2005. 

Viernes 10 de octubre: el Ibex 35 sufre la mayor caída de la historia (9,14%)

Las turbulencias cumplen ya 14 meses. El clímax puede haber llegado en la Semana Negra, tras la quiebra de varios bancos (Lehman Brothers, Wachovia, Fortis, Hypo) con una secuencia de vértigo: volatilidad, incertidumbre, miedo y, finalmente, pánico. “En EE UU y en Europa se ha actuado, pero con improvisación”, reconoció el economista jefe del FMI, Olivier Blanchard, en relación a la acción de los bancos centrales. El problema es que, a diferencia de otras veces, la interrelación entre los tipos oficiales, la economía y los mercados es más débil que nunca. La duración y profundidad de la crisis ha minado la influencia del precio oficial del dinero. El mercado interbancario, a pesar de los esfuerzos, no funciona, no responde. Las ayudas no han evitado que los bancos sigan sufriendo. “Hemos traspasado el umbral en el que la política monetaria tiene suficiente tracción”, resumía ayer en su blog el economista Paul Krugman. El Reino Unido anunció un plan de nacionalización parcial de sus bancos. Nada de eso evitó el desplome. Y no quedan demasiadas balas en la recámara para reconducir la situación. En EE UU, el problema sigue siendo el colapso inmobiliario. En Europa, al margen de la descoordinación política, las dudas sobre la banca, que ayer sufrió de lo lindo. En el resto del mundo, la misma historia: la Bolsa japonesa registró ayer la mayor caída desde los días negros de 1987. El contagio va llegando, implacable, hasta todos los rincones, incluida América Latina. Algunos expertos ven la última oportunidad para la catarsis en la próxima reunión del G-8, con los mercados seguirán al borde del ataque de nervios.

El oro empieza a escasear en Alemania

La abrumadora demanda de oro como refugio inversor ante la crisis de los mercados financieros internacionales ha conducido a una escasez del metal precioso en Alemania. Las sucursales bancarias y comerciantes de metales preciosos han agotado sus existencias de monedas y lingotes de oro y ya no toman pedidos ante los problemas para conseguir mas metal dorado, según www.elpais.com. El mismo fenómeno puede observarse en toda Alemania, hasta el punto de que “la demanda no puede ser ya satisfecha por el momento”, según señala un portavoz del instituto crediticio de Düsseldorf WGK.

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