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Santiago Rusiñol

8 septiembre 2008

El hablar de Santiago Rusiñol es hablar de la belleza del Arte, es hablar de Modernismo, es hablar del Cau Ferrat, es hablar de Els Quatre Gats, es hablar de Pintura, Literatura, Teatro y Humor, es hablar de su amigo Ramón Casas; es tener en mente su máxima: “El arte por el arte”.

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Rusiñol era arrogante, irónico,  con una fuerte personalidad que, a veces, no era del agrado de todos.

 

jardin-de-invierno-1891

 

Fue una oveja negra, pertenecía a una tradicional familia catalana, que siempre luchó contra esos sectores conservadores, pequeño burgueses, que eran su raíz.

 

el-senor-bofill-de-sitges-1892

 

las-vicentetes-1894-95

 

Ramon Casas, con un background muy similar al suyo, fue su compañero de viajes por esa Catalunya de finales de siglo XIX, recorrían los parajes pintando todo lo que veían sus ojos, ahí nace, también, el Rusiñol escritor.

 

retrato-de-ramon-casas-1889

 

la alegria-que-passa-1898

 

 

Sus escritos son más incendiarios que sus pinturas, creo que el hecho de estar amparado bajo un seudónimo le quitó timidez a su postura radical.

 

la-font-del-gat-1888-89

 

margarita-1889

 

Este viaje emprendido creó anécdotas, que hoy no sabemos muy bien si son parte del imaginario popular catalán o fueron realidad. Una de estas narra la vez que trataron de vender “duros” (moneda de cinco pesetas) a cuatro pesetas, ante la atónita y desconfiada mirada de los presentes; para que decir que no lograron vender ni uno, los catalanes son desconfiados cuando de dinero se trata…

 

calle-de-montmartre-1890

 

Viendo su Obra, desde el inicio, se nota una paleta con muy poco color, en tonos ocres. Tras su llegada a Sitges y el comienzo de su temática paisajista vemos como entra el color de una forma intempestiva, rompiendo con su pasado. Otro detalle para acotar es la utilización de una perspectiva formal, con puntos de fuga claros y precisos que corren generalmente de izquierda a derecha, desde arriba hacia abajo. Otro elemento que usó para crear una profundidad precisa son las diagonales trazadas desde las esquinas de la imagen que brindan fuerza para hacernos “entrar” en su Obra.

 cementerio-de-montmartre-1891

 

 

En 1888 abandonó su familia, esposa e hija para “escapar” a París, junto al escultor Enrique Clarasó, ahí convive con Ignacio Zuloaga, Miguel Utrillo y Ramón Casas.

 

la-nina-de-la-clavelina-1892

 

 

Se sumerge en los terrenos del Impresionismo y Simbolismo, es ahí donde enfrenta el Clasicismo imperante en su tierra natal y aflora su postura Modernista, con una visión Naturalista intimista hecha a partir del encantamiento de un París cosmopolita y tolerante.

 

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Es en París donde el artista se hace adicto a la morfina, se dice que producto de una caída, y es en Sitges donde se recuperará junto a su esposa. Transforma su casa de veraneo en un centro de arte total, Cau Ferrat.

 

la-morfina-1894

 

Dependiendo el uso la palabra catalana “Cau” puede significar desde madriguera hasta cuchitril, en un ámbito familiar se traduce como cuarto, “Ferrat” se traduce como herrado. Por tanto Cau Ferrat viene a ser algo así como: “Cuarto adornado con hierro”.

 

lluvia-de-invierno-1889

 

Ese es, de hecho, el origen del nombre de esa casa comprada por Rusiñol en 1891, en Sitges, un lugar donde guardar su colección de piezas de hierro forjado, como candelabros, cerrojos, llaves y otros ornamentos que el artista coleccionó.

 

calle-de-sitges-1892

 

patio-de-sitges-interior

 

A ese “Templo del Arte” Rusiñol trasladó la colección de pinturas hechas por sus amigos, antes mencionados, así como Obras de El Greco, Picasso, Pitchot, Regoyos y las suyas mismas.

 

patio-con-figuras-1892

 

Vuelve a París, esta vez de la mano con Ramón Casas, y establecen su residencia cerca del “Moulin de la Gallete”, donde llega otro conocido Miguel Utrillo.

 

retrato-de-miguel-utrilllo-1890

 

A su regreso a Catalunya, en 1892, Ramón Casas sigue su camino con sus desnudos, y Rusiñol se centra en el tema final de toda su Obra, los Paisajes. Recorre el sur de España, pintando estos paisajes que deben ser una bella forma de olvidarse de la morfina y su submundo.

 

patio-de-los-naranjos-1904

 

El Novecentismo, que en catalan Eugenio D´Ors llama Noucentisme, margina a Rusiñol totalmente. El “Noucentisme” quiere ser la respuesta al “Modernismo”, quieren ser ellos los que eleven la cultura catalana a nivel europeo. El siglo XX olvida a Rusiñol desde sus inicios, lo olvida de una forma brutal, tratándolo como figura de renombre, premiando su obra y vida, renombrando calles en su honor, en definitiva tratándolo como el “Sumo Pontífice” del Modernismo, pero a su vez despreciando el Modernismo por encontrarlo pasado de moda.

 

almendros-en-flor-1899-04

 

 

Rusiñol vive 31 años en este siglo XX que lo elogia y margina todo al mismo tiempo. Se dedica a escribir novelas, poesía y teatro, pero su pintura no volverá a ser lo que fue en esa “Belle Époque”.

 

 cafe-de-montmartre-1890

  

Muere pintando uno de sus Jardines preferidos, el de Aranjuez en Madrid. Curiosamente Madrid fue una ciudad que le dio la espalda por muchas décadas, sólo hace poco Rusiñol es reconocido como pintor. Las envidias y las ganas de “proteger” a sus propios artistas crean estas acciones injustas y desmerecedoras.

 

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