Skip to content

Emperador Valente

13 abril 2008

El hallazgo en abril de 2008 en la península del Sinaí (Egipto) de dos monedas de oro de la época del emperador Valente ha hecho que recuperemos en parte su figura. Cuando el emperador Juliano el Apostata murió en Mesopotamia (363 d.C.), las tropas proclamaron emperador a Flavio Joviano, un oficial cristiano de origen panonio que, ansioso por llegar a suelo romano y confirmar su nombramiento, firmó una paz vergonzosa con los persas, a quienes entregó la mayoría de Armenia y una parte de Mesopotamia. Joviano murió al poco tiempo, en febrero de 364, por causas naturales, en el límite entre Bitinia y Galacia. Lo sucedió Valentiniano I, que fue elegido emperador a instancias del prefecto de Oriente Secundo Salustio, hombre de gran prestigio. Valentiniano, que era tribuno de una de las scholae palatinas, originario de Panonia y cristiano, comprendiendo que el Imperio era demasiado grande y complejo como para ser gobernado por una persona, decidió elegir a un co-gobernante. Pero la elección de su hermano Flavio Valente como colega imperial generó desconcierto. De este modo, en marzo del 364, confirió a su hermano -que era un simple protector domesticus- el título de Augusto.

Valente era un hombre mediocre, sin grandes dotes militares y tan poco instruido que no sabía griego, cuando esta era la lengua que mayoritariamente se hablaba en Oriente. Tanto él como su hermano habían nacido en el pueblo de Cibalae (Panonia) y habían crecido en una propiedad comprada por su padre, Graciano, que anteriormente había sido Comes Domesticorum y Comes Rei Militaris en Africa y Britania. Pero, mientras Valentiniano realizó una carrera militar larga y exitosa antes de su ascenso al trono, parecería que Valente no. Con el poder en sus manos, ambos hermanos fijaron sus programas de gobierno y decretaron las medidas que consideraban más urgentes: la libertad de culto, la obligación de pagar los impuestos debidos sin excepciones, la confirmación de la ley de Constancio que contemplaba la creación de los defensores senatoriales y el edicto de Adrianópolis que reforzaba el principio de la herencia de la “condición”: los curiales sólo podrían ascender al orden senatorial si dejaban un hijo en su lugar; los hijos de los soldados serían también soldados, a menos que fuesen muy débiles; y los empleados en los despachos de los gobernadores también asegurarían que sus hijos iniciaran la misma carrera que ellos. Posteriormente, procedieron a la división del Imperio, en unas condiciones tan extremas como nunca antes se habían realizado: cada parte del Imperio se separaba de la otra con sus provincias, sus tropas, sus prefecturas y sus funcionarios. No se trataba de un reparto de atribuciones entre ambos emperadores, sino de una separación efectiva del Imperio. Valentiniano tomó para sí las dos prefecturas occidentales y Valente la oriental. Que Valentiniano, el personaje más importante, eligiera la parte occidental sin duda obedeció a su convencimiento íntimo de que, siendo ésta mucho más débil que Oriente, no hubiera podido ser controlada por su hermano. Además del problema de las fronteras -común a las dos partes-, Occidente ofrecía mayores problemas internos que Oriente, entre ellos las reiteradas insurrecciones que desde hacía muchos años se venían produciendo en las Galias. Pero, la parte oriental del Imperio distó de ser un sitio ameno para Valente.

La revuelta de Procopio

La prioridad de Valente fue apuntalar la frontera persa, y hacia allí partió a mediados de 365. En el otoño de ese año estaba en Cesárea de Capadocia, cuando se enteró de que un usurpador llamado Procopio se había proclamado emperador en Constantinopla. Este había comandado una parte del ejército de Juliano –con quien tendría algún grado de parentesco- durante la guerra con Persia y había enterrado en Tarso al emperador muerto. Probablemente se rebeló inducido por los amigos de Juliano y respaldado no sólo por éstos -entre los que se encontraba la viuda del emperador Constancio- sino también por muchos militares e intelectuales orientales que despreciaban al nuevo emperador panonio. Los esfuerzos de Valente por detener a Procopio se vieron estorbados por el hecho de que la mayoría de sus tropas ya habían cruzado las Puertas Cilicias, y penetrado en Siria, cuando él se enteró de la revuelta. A fines de 365, el propio Valente casi es capturado en una escaramuza cerca de Calcedonia. La situación se vio agravada por la negativa de Valentiniano de hacer algo más que proteger su propio territorio de la invasión, lo que permitió a Procopio lograr el control de las diócesis de Tracia y Asiana. Sólo en la primavera de 366 Valente pudo reunir bastantes tropas como para luchar eficazmente contra el usurpador. Partiendo de Ancyra, Valente entró en Frigia dónde derrotó a Gomoarius, general de Procopio, en Thyatira. Luego, se encontró en Nacoleia con el propio Procopio que, abandonado por sus tropas, fue capturado y ejecutado.

La primera guerra gótica

Procopio había sido apoyado por gran número de auxilia godos. Estos, liderados por el iudex Atanarico, habían permanecido en paz, al parecer, desde su derrota bajo Constantino en 336. Por qué ellos ayudaron al usurpador no lo sabemos (quizás estaban disconformes con el cambio de dinastía en el Imperio). Pero, cualquiera que haya sido su motivación, los tervingios habían cometido una grave ofensa y Valente organizó una expedición para castigarlos. En la primavera de 367, él cruzó el Danubio en Transmarisca y marchó contra los tervingios de Atanarico. Éstos huyeron a los “montes Serrorum” (al parecer, los Cárpatos), y eludieron el avance de Valente, obligándolo a retirarse al final del verano. La primavera del año siguiente, una gran crecida del Danubio le impidió al emperador cruzar con sus tropas al territorio de sus rivales. En 369, Valente cruzó de nuevo el río, por Noviodunum, y atacó a la tribu gótica nororiental de los greutungos antes de enfrentar a los tervingios de Atanarico y derrotarlos. Atanarico pidió entonces negociar un tratado de paz y Valente aceptó. Este tratado parece haber interrumpido las relaciones entre godos y romanos, incluyendo el comercio y el suministro de tropas como tributo. Valente sentirían en el futuro esta pérdida de efectivos militares.

Las luchas con Persia

Entre las razones de Valente para lograr una paz apresurada, y no totalmente favorable, con los godos estaba el deterioro de la situación en el este. Los persas habían invadido Iberia y Armenia, tomando prisionero al rey armenio Arsaces (Arshak), de la dinastía Arsacida. El hijo de este último, Pap, pudo escapar y reunirse con Valente, que le brindó su apoyo. Después de duros combates, Pap pudo ocupar el trono de su padre y los romanos recobraron Iberia (370). Cuando Sapor contraatacó en 371, sus fuerzas fueron derrotadas por los generales de Valente en Bagavan. La tregua establecida después de esta batalla se mantuvo como una cuasi-paz durante los siguientes cinco años, mientras Sapor se veía obligado a hacer frente a los ataques de hunos y kushanas.

Pero, pronto surgieron problemas con el joven rey Pap, que empezó a actuar de forma despótica haciendo incluso ejecutar al obispo armenio Narses y reclamando el control de varias ciudades que estaban en poder de los romanos. Presionado por sus generales, y temiendo que se aliara con los persas, Valente hizo asesinar a Pap y, en su lugar, impuso a otro Arsacida, Varazdat, que gobernó bajo la regencia del sparapet Musel Mamikonean, un amigo de Roma. Nada de esto cayó bien a los persas, que empezaron a mostrarse hostiles nuevamente. Como la frontera oriental se recalentaba, Valente empezó los preparativos para una gran expedición (375). Sin embargo, los problemas se estaban incubando en otra parte. En Isauria, la región montañosa de Cilicia occidental, una gran revuelta estalló en 375 y requirió el empleo de tropas estacionadas en el este. Además, hacia 377, los árabes, liderados por la reina Mavia, se sublevaron y devastaron una franja de territorio que se extendía de Fenicia al Sinai. Aunque Valente logró controlar ambos levantamientos, las oportunidades de actuar en la frontera oriental se vieron muy limitadas por estas luchas en el interior.

La política religiosa de Valente

A diferencia de su hermano Valentiniano, que se distinguió por su neutralidad en materia religiosa, Valente se involucró en la controversia entre arrianos y ortodoxos (o católicos). Según algunos, él era pagano en el momento de su elevación al trono y fue bautizado, alrededor del año 367, por Exodius, patriarca arriano de Constantinopla. Luego, Valente se habría dedicado a perseguir a sus súbditos ortodoxos, pero aparentemente de una forma no muy rigurosa. Una tradición piadosa le atribuye el martirio de los santos Urbano, Teodoro y otros ochenta eclesiásticos. Este grupo de religiosos, que llegó a Constantinopla en 370 a pedir la libertad de culto Católico, habría sido embarcado en una nave por orden del Emperador con destino a Bitinia; al aproximarse a la costa, la tripulación, actuando bajo ordenes imperiales, prendió fuego a la nave y la abandonó, para que perecieran San Urbano y sus acompañantes.

Adrianópolis

En 375, mientras se preparaba para una posible guerra en Oriente, Valente se enteró que los godos habían sido desplazados de sus tierras por los de hunos y que muchos de ellos buscaban la protección del Imperio. Como los consejeros de Valente se apresuraron a señalar, estos godos podrían proporcionar tropas que incrementarían enseguida las fuerzas disponibles. Además, como las provincias del Danubio eran comarcas poco pobladas, se podría adjudicarles tierras. Entre los godos que buscaban asilo estaba un grupo de tervingios liderado por el jefe (reiks) Fritigern, el cual se había relacionado con Valente a principios de la década de 370, cuando este lo apoyó en su lucha contra el iudex Atanarico, derivada de la persecución por parte de este último de los godos cristianos. Aunque varios grupos godos pidieron aparentemente entrar al Imperio, Valente sólo concedió la admisión a Fritigern y sus seguidores. Sin embargo, no se pudo evitar que otros los siguieran. El plan oficial de asentamientos controlados, diseminados y supervisados por los oficiales romanos fracasó en su totalidad. Los godos (200.000 según una fuente, aunque Amiano Marcelino, más realista, dice que tratar de contarlos era como querer contar los granos de arena de las costas de Libia) cruzaron en balsas improvisadas y, con gran desorden, pasaron a la provincia romana de Mesia, donde fueron objeto permanentes de abusos como el que relata Filóstrato: los jefes militares y el comes de Tracia les vendían los víveres a un precio desorbitado a fin de obligarles a vender a sus hijos como esclavos. Los visigodos se rebelaron a principios de 377 y saquearon Tracia, uniéndose a otros contingentes bárbaros (godos greutungos, hunos y alanos) que también habían penetrado en el Imperio.

La defensa frente a la oleada invasora fue inicialmente dirigida por el general romano Sebastiano; se solicitaron refuerzos a Graciano, emperador de Occidente, pero un ataque de los alamanes retrasó su llegada. Recién en 378, Valente pudo marchar al oeste desde Antioquia, arribando a Constantinopla el 30 de mayo de ese año. Después de una breve estancia allí, salió a enfrentar al ejército bárbaro, con el que se encontró en las cercanías de Adrianópolis el 9 de agosto de 378. Los romanos se defendieron bien al principio, pero fueron aplastados por la llegada sorpresiva de la caballería greutunga que rompió sus líneas. Valente resultó herido en la batalla, pero pudo escapar y refugiarse en una cabaña, dónde murió quemado cuando los godos prendieron fuego a dicha construcción. El desastre de Adrianópolis supuso una de las mayores crisis de la historia del siglo IV. Los godos llegaron a las puertas de Constantinopla y, aunque no lograron tomar la ciudad, devastaron las zonas cercanas antes de dirigirse al oeste. Esta batalla, además, significó el principio del fin de la integridad territorial romana, ya que “preparó” el camino para la ocupación de gran parte del Imperio por parte de los bárbaros.

Anuncios
No comments yet

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: