Skip to content

Sebastiano el incomprendido

20 marzo 2008

'Retrato de soldado'

Retrato de soldado (1512), obra de Sebastiano del Piombo
Veneciano de nacimiento, contemporáneo de Leonardo, Miguel Ángel, Rafael y Tiziano, Sebastiano Luciani (1485-1547), llamado “el del Piombo”, ha sido un proscrito de la historia del arte. Hace casi 500 años, en 1511, Sebastiano del Piombo decidió dejar su Venecia natal, donde se habían ninguneado sus pinturas al fresco en diversas iglesias, para buscarse la vida en Roma. El banquero del Papa y mecenas de la época, Agostino Chigi, le contrató para trabajar en su imponente villa pegada al Tíber, La Farnesina, entonces en construcción. Si era 1511, la cosa andaba francamente mal para triunfar en los feudos vaticanos. El agua del Tíber destilaba veneno -siete Papas en apenas cuatro décadas-, Miguel Ángel estaba en el andamio pintando la Capilla Sixtina, y Rafael trabajaba a pocos metros, en las estancias vaticanas que hoy le deben el nombre.
Rafael no sólo era un pintor sublime, sino el jefe máximo de una pujante escuela que tenía entre sus garzoni, aprendices, a Giovanni da Udine, Perin del Vaga y Polidoro da Caravaggio. Además, era protegido de Chigi, así que no debió gustarle el fichaje de Luciani. Éste decidió hacer amistad con Miguel Ángel, que lo adoptó y le enseñó a mejorar sus bocetos, según se dice, para contrarrestar la hegemonía de la escuela del pintor príncipe. Sebastiano era una especie de outsider: desconfiaba del canon, se burlaba de Tiziano. Eso, más la ayuda que le prestó Buonarotti, y la falta de una obra magna, colosal, le acarreó mala prensa y contribuyó a considerarlo una figura menor. Por haber inventado una manera de pintar al óleo sobre la piedra, lo tildaron de experimentador, incómodo partidario del far nuovo. Decían que esa forma de pintar era femenina.

En Roma vivió su plenitud artística; era una época de enormes cambios, la Contrarreforma, el Saqueo de Roma. Sebastiano tuvo la suerte de recibir encargos de muchos nobles de la corte española. De ahí su extensiva presencia en palacios, museos e iglesias hispanas, El Prado, la Catedral de Burgos, Jaén, Valencia, Barcelona, Salamanca. Con el tiempo, cambió, abrazó la religión, y el conjunto de su obra se fue acercando a la estela de los grandes. Una prueba es que uno de sus mejores retratos, el que hizo en 1511 al cardenal Ferry Carondelet (Museo Thyssen), se atribuyó a Rafael durante siglos. En 1519, los expertos sentencian que su Resurrección de Lázaro era más bella que la de Rafael. Famoso de repente, reconocido y favorito de los Médicis, Luciani se convertiría en Del Piombo en 1531, y no por su dominio de los tonos metálicos y grises, sino por un encargo del papa Clemente VII que antes sólo había recibido Bramante: colocar el plomo en las bulas pontificias. Un trabajo burocrático, bien remunerado, que le alejó de la pintura. Tras pelearse con Miguel Ángel, su grandeza quedó demediada. Poco antes de morir retrató a hombres y mujeres anónimos, santos, cristos y navegantes como Cristóbal Colón (Metropolitan de Nueva York). Dejó memorables escenas religiosas y dominó como pocos el color. Manierista y oscuro, fue a la vez cálido y brillante.

CristobalColon-edit2.jpg

Cristóbal Colón (1540), obra de Sebastiano del Piombo
No comments yet

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: