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Palestina, un sueño roto

5 diciembre 2007

La partición de Palestina: una herida que nunca se cerró

El 29 de noviembre de 1947, Naciones Unidas aprobó la partición de Palestina en dos Estados: uno árabe y otro judío

Mohammed Yadala tenía seis años cuando en 1947 las Naciones Unidas decidieron dividir Palestina en dos Estados, uno para los judíos y otro para los árabes. Era demasiado pequeño para tener conciencia de la tragedia que esa resolución, aprobada hace sesenta años, iba a implicar para el pueblo palestino.
Los Yadala vivían en Baqa, un barrio de cierto lujo situado al sur de Jerusalén que los israelíes ocuparon poco después. “Mi abuelo había amasado una pequeña fortuna y tenía propiedades, casas y tierras, en toda el área de Jerusalén”, explica Yadala.
De la noche a la mañana, los Yadala se vieron obligados a emigrar al sector este de Jerusalén, donde también tenían casas y tierras. “Circulaban informaciones acerca de las barbaridades que los judíos cometían contra los palestinos que no abandonaban sus casas y la gente tenía mucho miedo”, cuenta Yadala.
“Se hablaba mucho de la resolución pero no guardo un recuerdo claro de lo que sucedió. Sólo sé que ningún palestino se quedó en el oeste de Jerusalén. Todos prefirieron escapar. En Baqa sólo se quedó una mujer anciana. La gente tenía miedo, especialmente por sus hijos pequeños. Además, mi padre y mis tíos poseían armas y eso les situaba en una posición muy delicada puesto que las armas estaban rigurosamente prohibidas. No quisieron correr ningún riesgo y todos abandonaron sus casas”, añade Yadala.
Los árabes construían las mejores casas de Jerusalén, edificios sólidos que han sobrevivido al paso del tiempo. “Muchas veces hemos intentado visitar nuestra casa familiar en Baqa pero los judíos que ahora viven allí no nos han dejado”.

Rechazo árabe

El plan de las Naciones Unidas se votó el 29 de noviembre de 1947 y desde entonces se conoce como Plan para la Partición de Palestina o Resolución 181 de la Asamblea General.
Como todas las resoluciones de la Asamblea General, el plan no era vinculante. Desde un principio contó con el apoyo de la comunidad judía y fue rechazado por los árabes.
Los judíos se emplearon a fondo y utilizaron todas sus influencias para conseguir la votación del plan. Aunque el futuro primer ministro israelí, David Ben Gurion, y otros responsables judíos reconocían en privado que su intención era ocupar toda Palestina por los medios que fueran necesarios. Este doble juego funcionó perfectamente y antes de que transcurriera el plazo para la aplicación del plan, en mayo de 1948, los israelíes ya controlaban la mayor parte de Palestina debido a que estaban mejor armados y tenían más disciplina que los árabes.

La influencia judía en la resolución se ve claramente en la decisión de atribuir al Estado israelí las tres zonas más fértiles de Palestina, la llanura de Sharon, el valle de Yizrael y el norte del Valle del Jordán, así como la totalidad del mar de Galilea, que es la gran reserva de agua potable de la zona. Mientras los judíos recibieron con satisfacción la resolución 181 de la Asamblea General, los árabes la rechazaron por considerar que la partición no respondía a los intereses de la mayoría de la población de Palestina.

EEUU y URSS, a favor

En la votación, 33 países se expresaron a favor de la resolución, trece en contra y hubo diez abstenciones. Estados Unidos y la Unión Soviética votaron a favor. El periodista judío Eliahu Scherbakovsky, que ahora vive en Jerusalén, recibió la resolución en Buenos Aires. En 1947 tenía once años. Su familia era sionista y se sumó a las numerosas organizaciones judías que celebraron en Argentina la partición de Palestina. Él no emigró a Israel hasta el año 1967. “Recuerdo que los judíos salieron en masa a las calles a cantar y bailar. En las calles Conesa y Quilmes de Buenos Aires se concentraron cientos o miles de personas porque en esa zona estaban las principales organizaciones sionistas. Fue una celebración por todo lo alto que nos emocionó a todos”, dice Scherbadovsky.

“El plan de partición se esperaba desde mucho antes, así que no fue una sorpresa sino un eslabón más de un largo proceso, un trampolín para llegar al Estado, que terminó seis meses después con la declaración de independencia de Israel. En América Latina había muchas organizaciones judías, especialmente en la Argentina, donde vivían casi medio millón de judíos”.

Sueño sionista

“Recuerdo que en las celebraciones participaban especialmente los jóvenes. Todos querían cumplir el sueño sionista de emigrar a Israel y para nosotros la Resolución 181 fue muy importante puesto que era una etapa de cara a la creación de nuestro Estado”, rememora Scherbakovsky. “Sin embargo, hubo varias organizaciones judías que no quisieron celebrarlo. Eran agrupaciones comunistas, idealistas que creían en el universalismo. Por ejemplo, una organización que se llamaba IFT, de orientación comunista, que no veía con buenos ojos la creación de un Estado judío en Palestina”.

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