Magritte

Octubre 22, 2009

René Magritte (c. 1935)

Bruselas tenía una deuda con René Magritte (1898-1967). Considerado el mejor narrador del absurdo cotidiano, defendió siempre los misterios sin palabras. Pese a ser uno de los artistas más conocidos y valorados en todo el mundo, Magritte no contaba con un museo. Bruselas, la ciudad en la que vivió prácticamente toda su vida, abrió en mayo de 2009 el Museo Magritte, un bello edificio neoclásico situado en la place Royale, en pleno centro.

La réponse imprévue (1933), de René Magritte

La Réponse imprévue (1933), Musée Magritte

Le faux miroir (1935), de René Magritte

Le faux miroir (1935)

La trahison des images, de René Magritte

La trahison des images

La retour (1940), de René Magritte

Le retour (1940), Musée Magritte

Les compagnons de la peur (1942), de René Magritte

Les compagnons de la peur (1942), Musée Magritte

Les amoureux, de René Magritte

Les amoureux

La magie noire (1945), de René Magritte

La magie noir (1945), Musée Magritte

L´Empire des lumières (1954), de René Magritte

 L’Empire des lumières (1954), Musée Magritte

La voix du sang (1961), de René Magritte

La voix du sang (1961), Musée Magritte

Le Domain d´Arnheim (1963), de René Magritte

Le Domain d´Arnheim (1963), Musée Magritte

La page blanche (1967), de René Magritte

La page blanche (1967), Musée Magritte

Un museo que cuenta con 200 obras del surrealista más desconcertante de la historia. Las creaciones más conocidas de su periodo de plenitud (hay dos de las 17 versiones de El imperio de las luces) se muestran junto a sus trabajos de juventud y las piezas de las exposiciones internacionales. Comparten espacio con fotografías tomadas por él o su grupo de amigos y abundantes textos que recogen su escepticismo y humor. La apertura al público del museo será el próximo 2 de junio, la misma fecha en que su compatriota Hergé (1907-1983), el creador de Tintín, tendrá también un museo propio en Louvain-la-Neuve. Las paredes recuerdan su máxima favorita: “Aquí no hay respuestas. Sólo preguntas”. A la vez, los paneles informativos recuerdan el nacimiento de René Magritte, el mayor de tres hermanos varones, en un pequeño pueblo llamado Lessines. La escatología y el destripamiento de animales pequeños era el mayor entretenimiento de los niños. Cuando René contaba 14 años encontraron a su madre muerta flotando en el río. Su camisón alrededor del cuello. Se había suicidado. Cuatro años después, durante un paseo por el cementerio, Magritte decidió dedicarse a la pintura y se instaló definitivamente en Bruselas, una ciudad que sólo abandonó durante temporadas muy cortas. En esta planta se ven cuadros realizados bajo el influjo del impresionismo y del cubismo.

Hacia 1920, Magritte entra en el mundo de la publicidad. Realiza carteles para obras teatrales y algunos productos alimenticios. La experiencia le sirve para dar contundencia a sus figuras y manejar los colores con mayor determinación. Poco después surge el gran Magritte. Ocurre en 1923, al contemplar Canto de amor, una obra de Giorgio de Chirico inspirada en un escenario lleno de elementos cotidianos. Entre sus cuadros más conocidos: Dios no es un santo (1936), La memoria (1948), Sherezade (1948), El retrato de Anne-Marie Crowet (1956), dos versiones de El imperio de las luces (1954 y 1961).


Maruja Mallo

Septiembre 29, 2009

Maruja Mallo (c. 1925)

Maruja Mallo -pseudónimo de Ana María Gómez González- (Vivero, Lugo, 5 enero 1902 – Madrid, 6 febrero 1995), fue una pintora surrealista española. Cuarta hija de Justo Gómez Mallo y Pilar González, se tralada con la familia a Avilés, donde comienza a copiar ilustraciones de las revistas de la época. Traba amistad con el pintor avilesino Luis Bayón, más tarde numerario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Con 20 años, viaja a Madrid en 1922 para estudiar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (hasta 1926). Allí se relaciona con artistas y escritores como Salvador Dalí, Federico García Lorca, Luis Buñuel, María Zambrano o Rafael Alberti, con el que mantiene una relación amorosa. En 1927 forma parte de la denominada Escuela de Vallecas con Alberto Sánchez, Benjamín Palencia y Luis Castellanos, entre otros. Mallo descubre las periferias, los márgenes oscuros de la ciudad y su pintura ahonda en territorios olvidados, que condensa en la serie Cloacas y campanarios, lugares donde Maruja Mallo ofrece su mirada de anatomías y fragmentos seniles.

Elementos para el deporte (1927), de Maruja Mallo

'Estampa (Escaparate)' (1927), de Maruja Mallo

De la mano de Miguel Hernández, descubre Castilla la Nueva y trabaja para numerosas revistas literarias: La gaceta literaria, El almanaque literario o la Revista de Occidente. 

La verbena (1927), de Maruja Mallo

En 1928, José Ortega y Gasset organiza una exposición de su obra en los salones de la Revista de Occidente. Sus diez óleos representaban poblados llenos de sol, toreros y manolas, así como estampas coloreadas de maquinaria, deportes y cine de principios de siglo. La exposición fue todo un acontecimiento cultural.

Fiesta popular (1928), de Maruja Mallo

Mujer con cabra (1929), de Maruja Mallo

La huella (1929), de Maruja Mallo

Plástica escenográfica (1930), de Maruja Mallo

Segunda República Española

Hacia 1931 su pintura da un giro radical. Marcha a París en 1932 gracias a una pensión de la Junta de Ampliación de Estudios. Allí conoce a René Magritte, Max Ernst, Joan Miró y Giorgio de Chirico y participa en tertulias con André Breton y Paul Éluard. Expone en la galería Pierre Loeb, y deja  impregnar su obra de cierto Surrealismo, presente en sus trabajos aunque no siempre con la definitoria importancia con la que muchas veces se etiqueta su estilo. Sin embargo, resultan incuestionables los postulados que adopta en esa estancia sobre los estudios matemáticos de Torres-García y del ensayista Matila C. Ghyka, definitorios de forma inmediata y en su trayectoria posterior, que advertimos en los bocetos de sus cerámicas, los retratos bidimensionales o los bodegones del exilio.

El espantapeces (1931), de Maruja Mallo

Maniquí, de Maruja Mallo 

André Breton le compró en 1932 el cuadro titulado Espantapájaros, obra poblada de espectros que hoy es considerada una de las grandes obras del surrealismo.

Figura (1932), de Maruja Mallo

Tierra y excerementos (1932), de Maruja Mallo

De regreso a Madrid, participa activamente en la Sociedad de Artistas Ibéricos. Para entonces el gobierno francés compra uno de sus cuadros para exponerlo en el Museo Nacional de Arte Moderno. En 1933, Maruja Mallo comprometida con la República, se dedicó a enseñar dibujo y cerámica en el madrileño Instituto de Arévalo. Un año más tarde, estudia matemáticas y geometría a fin de aplicarlos en su obra, principalmente en la cerámica. Del Surrealismo atípico pasa a un tremendismo de las periferias (según escribe Rafael Alberti en La Gaceta Literaria). Muda hacia naturalezas y anatomías de esquemas, recurre a formas sintéticas, frugales, que manifiestan su ordenación geométrica. Nuevas obras que, junto a su creciente seducción por la escenografía y el determinante trabajo con la cerámica, detectamos en Esqueleto (1933) o Arquitectura mineral (1933), dibujos que maceran la mirada experimental que brillará en años venideros.

Mensaje del mar (c. 1933), de Maruja Mallo

Maruja Mallo 1

La sorpresa del trigo, de Maruja Mallo 

A partir de 1936, comienza su etapa constructiva, mientras que sigue exponiendo con los pintores surrealistas en Londres y Barcelona. Participa como docente en las Misiones Pedagógicas, que la acercan a su tierra natal, Galicia, donde a los pocos meses le sorprende la Guerra Civil Española. En sus viajes le acompañan bocetos de La religión del trabajo, novedosa serie de obras donde quedan integradas todas sus obsesiones, la naturaleza, el orden y la vida, claves que reiteran su estilo definitivo. La sorpresa del trigo (1936) resume mínimos componentes de gran intensidad poética y Arquitectura humana (1937) concilia símbolo y naturaleza, precepto y poética. Magníficos trabajos dominados por la línea y la composición fundamental, sin adjetivos, donde siguen vigentes los fundamentos de Torres-García y Ghyka.

Maruja Mallo en su estudio de Madrid (1936)

Desde allí huye a Portugal. Toda su obra cerámica de esta época es destruida en la guerra. Poco tiempo después, su amiga Gabriela Mistral, embajadora de Chile, la ayudó a trasladarse a Buenos Aires, donde siguió pintando, dando clases y cultivando amistades, entre ellas, Pablo Neruda.

Exilio

En Argentina recibe un rápido reconocimiento, colabora en la famosa revista de vanguardia Sur, en la que también participaba Borges. Es una etapa de su vida en la que se dedica a viajar, vive entre Uruguay y Buenos Aires, y a diseñar, pintar, en definitiva a crear y crear.

Maruja Mallo, con manto de algas, en Chile (sin fecha)

En América, Maruja llena de color sus obras y acentúa lo onírico, lo esotérico, lo cósmico. Naturalezas terrenales y marítimas retratan sus dos décadas y media de exilio, que constatamos en el mural del cine Los Ángeles de Buenos Aires o en sus Naturalezas vivas de conchas, flores y algas, de misterios y vida. De nuevo las algas, que visten su cuerpo en las fotografías en las playas de Chile, idean también una simbólica e invisible arquitectura de vida, de tránsitos y órdenes pensados, las múltiples voces de esta mujer transgresora, vitalista e independiente.

 

También se suceden las exposiciones: París, Brasil y Nueva York. De su paso por Buenos Aires, el Museo del Dibujo y la Ilustración, ateora en su colección dos temperas sobre papel, representando animales mitad real y mitad fantásticos. Con 37 años publicó el libro Lo popular en la plástica española a través de mi obra (1939), donde vemos su vocación geométrica, las representaciones de la naturaleza y los retratos, constantes conceptuales que rotan en su obra. Resulta definitoria su relación con el componente colectivo, con un registro popular, plasmado en su libro: los temas referidos a lo natural son sus pilares (paisajes periféricos, escenas simbólicas, bodegones simétricos hasta mundos espaciales, temas oníricos). Relatos que se ordenan, como veremos, en esquemas y arquitecturas que evolucionan en su trayectoria. Inquieta la construcción de un orden, una identidad, un armazón conceptual que se mantiene como guion creativo, en prototipos, construcciones, máscaras e iconos del mar o de la tierra. Estructuras que también afectan a sus retratos, temática imprescindible que completa su repertorio, donde prevalecen las protagonistas femeninas en grandes figuras, alegóricas, como enigmáticas mujeres de perfil o danzando bajo esquemas geométricos en Estrellas de mar (1952). Los retratos de mujeres son muy cracterísticos, con un estilo precursor del arte pop estadounidense. Comienza además una etapa cósmica, dedicada a recrear la naturaleza suramericana con su serie de Marinas.

Cabeza de mujer (1941), de Maruja Mallo

Naturaleza viva (1942), de Maruja Mallo

Naturaleza viva (1943), de Maruja Mallo

Naturaleza viva (1943), de Maruja Mallo

Naturaleza viva (1943), de Maruja Mallo

Naturaleza viva 2 (1943), de Maruja Mallo

El racimo de uvas (1944), de Maruja Mallo

Huida, de Maruja Mallo

Maruja Mallo 2

Retrato de mujer negra, de Maruja Mallo

Racimo de uvas y conchas, de Maruja Mallo

Cabeza de negra (1946), de Maruja Mallo 

'Ouro (retrato bidireccional)' (1951), de Maruja Mallo

Estrellas de mar (1952), de Maruja Mallo

Dos máscaras (1950-1955), de Maruja Mallo

Con la llegada del peronismo, Maruja deja Argentina y se traslada a Nueva York, para regresar a España en 1965. La que fuera una de las grandes figuras del surrealismo de preguerra es casi una desconocida en su tierra y su vida pública desaparece. Pero no le importó, se instaló en Madrid, y casi como un símbolo dibuja de nuevo la portada de la Revista de Occidente. En 1979, comenzó su última etapa pictórica con Los Moradores del vacío, tenía ya 77 años, pero aún conservaba esa frescura y vitalidad que la acompañaría durante toda su vida.

Protoesquema (c. 1982), de Maruja Mallo

En la década de los 90 le ofrecieron varias exposiciones y premios, como la Medalla al Mérito en las Bellas Artes y el Premio de Artes Plásticas de Madrid. El 6 de febrero de 1995, muere en Madrid a los 93 años.

Obra

  • La Verbena (1927)
  • La huella (1929)
  • Cabeza de mujer (1941)
  • Máscaras (1942)
  • Naturaleza viva (1943)
  • El racimo de uvas (1944)
  • Oro (1951)
  • Agol (1969)
  • Geonauta (1975)
  • Selvatro (1979)

 

Falleció Maruja Mallo (Heraldo de Aragón, 8-02-95)

VER: Obras y EL PAÍS


Cy Twombly

Marzo 8, 2009

Cy Twombly ha sido siempre un misterio. Nacido en Lexington (Virginia) el 25 de abril de 1928, es un pintor estadounidense del Expresionismo abstracto (para ver en España sus referencias, ir a: Expresionismo abstracto español. Es bien conocido por sus pinturas graffiti de estilo caligráfico de gran tamaño sobre fondos de colores grises, beiges o color hueso. Desde 1947 hasta 1949 estudió en la escuela del Museo de Bellas Artes de Boston, en la Universidad Washington y Lee de Lexington y en la Liga de Estudiantes de Arte de Nueva York desde 1950 hasta 1951. Allí, conoció a Robert Rauschenberg quien le animó a acudir al Black Mountain College, cerca de Asheville (Carolina del Norte, donde conoció a John Cage. En 1951 y 1952, estudió allí con Franz Kline, Robert Motherwell, y Ben Shahn. Twombly es conocido sobre todo por emborronar la frontera entre el dibujo y la pintura. Muchos de sus cuadros más conocidos de finales de los años sesenta son reminiscencias de un encerado de escuela en el que alguien ha practicado la «e», o cientos de año de graffiti de baños sobre un muro.

VER: Abstract Expressionism en ArtLex Pinturas de Cy Twombly y otros artistas.

 
Cy Twombly, Wilder Shores of Love
 
Cy Twombly, W
  Cy Twombly, W
  Cy Twombly, W

Untitle, 1970

A Celebratory Splash

Michael Stravato for the New York Times

Cy Twombly at Cy Twombly Gallery in Houston in front of the gallery’s largest painting, “Say Goodbye, Catullus, to the Shores of Asia Minor.”

Michael painting, Goodbye, to Shores of Asia Minor.”

Michael Stravato for the New York Times

Cy Twombly at Cy Twombly Gallery in Houston in front of the gallery’s largest painting, “Say Goodbye, Catullus, to the Shores of Asia Minor.”


Expresionismo abstracto español

Marzo 3, 2009

“Mi pintura no procede del caballete (…) En el suelo me siento mucho más a gusto. Me siento más cerca del cuadro, más parte de él (…)  No me preocupa hacer cambios, destruir la imagen, etc., porque el cuadro tiene vida propia. Trato de dejar que esa vida salga a la superficie.”

Jackson Pollock. 1947.

Heredada de las vanguardias, la idea de la “dinámica continua”, será una de las raíces del expresionismo abstracto, primer movimiento artístico de la postguerra, surgido en EEUU. Aún teniendo en cuenta la autonomía de cada uno de los componentes del movimiento, todos comparten la necesidad de utilizar el gesto espontáneo como medio de expresión intensa de sus inquietudes: el arte como muestra de vida, como dramática expresión del proceso creativo. Las raíces de este movimiento las encontramos en la obra no figurativa del ruso Kandinsky y la llegada de artistas europeos durante la II Guerra Mundial, como Duchamp o Tanguy, entre otros, a los Estados Unidos. De este modo nació la Escuela de Nueva York, centro del expresionismo abstracto. Sin embargo, son tantos los estilos que se abarcaron que se pueden centrar en dos tendencias principales:

  

ACTION PAINTING

Definida como una corriente pictórica de carácter gestual, consiste en salpicar con pintura la superficie del lienzo de manera espontánea. El término fue acuñado por un crítico estadounidense y se refería principalmente a la obra de Pollock.

PLANOS CROMÁTICOS

Creados por Mark Rothko, consistían en crear rectángulos colmados de colores vibrantes en todas sus obras.

 

El expresionismo abstracto también floreció en Europa, teniendo una mayor acogida en España y en Francia, dando lugar al Informalismo y al Tachismo, respectivamente.

INFORMALISMO

Los artistas huyen del arte figurativo para buscar la autenticidad de la pintura; en definitiva, las formas, las manchas y las texturas. En España se introduce en los años cincuenta, con dos focos claros: Cataluña, cuya evolución dará lugar al informalismo matérico - con representantes como Tàpies o Guinovart-, y el núcleo madrileño donde se puede incluir el Grupo de Cuenca -Gustavo Torner, José Guerrero o Gerardo Rueda- y algunos integrantes del grupo El Paso, como Antonio Saura o Manuel Millares. Un apartado especial merece Esteban Vicente.

JOSÉ GUERRERO

José Guerrero (Granada,1914-Barcelona,1991)

José Guerrero es uno de los pintores españoles más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Andaluz universal, nació en Granada, en 1914. José Guerrero estudió en la Escuela de Artes y Oficios de Granada. Viajó a Madrid, para estudiar en la Academia de San Fernando con Daniel Vázquez Díaz. Más tarde marcha a París (1945), donde conoce la obra de la vanguardia europea, y en particular, de los pintores españoles como Pablo Picasso o Juan Gris. En esta primera época su obra aún es figurativa. Se casó con Roxanne Pollock y en 1950 se fue a Nueva York, nacionalizándose estadounidense en 1953. Comenzó allí a realizar pintura abstracta, formando parte de la Escuela de Nueva York, en cuyas exposiciones participó. Se nota entonces la influencia de pintores como Mark Rothko, Clyfford Still y Barnett Newman en su obra. Destaca sobre todo por su cromatismo, el uso que hace de las masas de color.Al igual que otros jóvenes artistas europeos de postguerra, sobre todo de la dura postguerra española, se encontró con que el camino de la renovación ya estaba ocupado por viejas celebridades, muy vivas aún: Matisse, Picasso y Miró. Cientos de jóvenes pintores luchaban en los años cuarenta para asimilar el viejo vocabulario del cubismo sin sacrificar su derecho a introducir nuevos elementos. La mayoría de ellos, incluido Guerrero, fracasaron. No quedan muchos restos de los experimentos de Guerrero en París, pero podemos hacernos una idea de su lucha echándole un vistazo a dos cuadros con obvias referencias tradicionales: Dos hilanderas (1948), e Hilandera (1949). Aparte de la obvia conexión con Velázquez, también hay una conexión igualmente obvia con Picasso. La impronta del malagueño se ve de un modo claro en la ejecución lineal de manos y pies, así como en las extensiones arbitrarias de color plano. La adaptación de Guerrero está llena de malentendidos, pero también hay en el cuadro de 1949 una intrusión deliberada del color por el color que presagia su futuro.

Dos hilanderas, de José Guerrero (1948)Dos hilanderas (1948) 

Años de formación
Durante sus años de formación (1945-1946) el pintor se interesa por su ciudad natal, Granada, y por la costera Almuñécar, aunque también hay paisajes de La Alberca (Salamanca). Los temas dominantes del joven Guerrero representan la España de la época: la vida cotidiana, el folclore y la religiosidad popular.

Las lavanderas
Las lavanderas (1950)

Sigue un periplo por París y viaja hasta Roma, donde Guerrero pinta alternando colores vivaces y delicados para acercarse a la Ciudad Eterna con San Pedro al fondo (Panorámica de Roma, 1948).

Panoramica de Roma

Panorámica de Roma (1948)

En Roma conoce a Afro e Mirko Basaldella, quienes le acercan a la obra de Mario Mafai. En Roma y con una evidente influencia picassiana, su obra da pasos seguros hacia la abstracción. Allí conoce a su futura mujer, la periodista Roxane Whittier Pollock, con la que marchará a Nueva York. En la ciudad estadounidense se inscribe en la ‘Escuela de Nueva York’, con el predominio del negro o del monocromo, en apología de Joan Mirò.

Penetracion
Penetración (1961)

A partir de 1965, aunque seguía viviendo en Estados Unidos, viajó en varias ocasiones a España, y fue uno de los intervinientes en la creación del Museo de Arte Abstracto de Cuenca. Entre los premios y distinciones que recibió a lo largo de su vida, cabe mencionar que fue nombrado Caballero de las Artes y las Letras por el Gobierno francés (1959).

Frontera negra, de José Guerrero (1963)

Frontera negra (1963)

Hay obras de Guerrero en el Museo Guggenheim de Nueva York, en el Museo de Arte Reina Sofía de Madrid y en el Museo de Arte Abstracto de Cuenca. Y como Málaga para Picasso, Granada ha creado el ‘Centro José Guerrero’, que,  inaugurado en 2000, ocupa un antiguo edificio del Ochocientos. Dirigido por Yolanda Romero, el Centro tiene la misión de promover el estudio y la difusión de la obra de José Guerrero. Los fondos del museo proceden de la donación realizada por la viuda del artista a la Diputación de Granada.

VER: Centro José Guerrero

ESTEBAN VICENTE

Cuando el viajero llega a Segovia y pasea por el acueducto romano o la catedral, la iglesia de la Vera Cruz o el Alcázar, se encuentra con el “Museo Esteban Vicente”, que está alojado en un hermoso palacio de finales de la Edad Media. Un pequeño museo, que alcanza apenas las 50.000 visitas anuales y que es imprescindible para conocer la pintura española del siglo XX. Pero ¿quién es este Esteban Vicente que resulta desconocido por la mayoría de los viajeros? Pues nada más y nada menos que un excelente pintor español, de larga y fructífera vida (1903-2001), nacido en aquella provincia y que, tras un periodo de formación en Madrid y París, acabó emigrando a los Estados Unidos, país donde llevó a cabo la mayor parte de su poducción pictórica y donde residió hasta su muerte.

Esteban Vicente: “Sín título”

Cosmopolita, elegante y refinado, Esteban Vicente cultivó un estilo pictórico encajable en la amplia coriente del expresionismo abstracto. Se codeó de igual a igual con Jackson Pollock, Mark Rothko o Willem de Kooning y participó en las primeras exposiciones de esta escuela artística. Su obra se caracteriza por el recurso a las manchas de color, en la que aparecen ciertos elementos de tendencia geométrica, pero buscando casi siempre la armonía, de forma que hay en su obra una clara invitación a la poesía y a la reflexión personal sobre las relaciones entre el color, la forma y el espacio. No dejéis de visitar la excelente página del Museo Esteban Vicente, con una amplia selección de trabajos del autor. Además, en de la galería norteamericana Hadkett Freedman podréis ver muchas de sus obras y acceder a una amplia biografía en inglés.

Esteban Vicente: “Noon” (1982)

Esteban Vicente: “Alba” (1979)

Esteban Vicente: “Sin título” (1987)

Esteban Vicente: “Sin título” (1982)

MODERNSTARTS

Enero 30, 2009


Entre el 17 de enero y el 29 de marzo de 2009 tendrá lugar en Córdoba la exposición MODERNSTARTS, una muestra que sin duda se convertirá en una de las más importantes manifestaciones culturales del año 2009, en la que se podrá apreciar más de trescientas obras de arte de artistas más relevantes del siglo XX.

Pablo Picasso. Sin título, 1971, aguafuerte

MODERNSTARTS es una exposición que se articula en torno a cuatro salas de la ciudad de Córdoba. Siguiendo el recorrido cronológico de la exposición éstas son: Vimcorsa, CajaSur, Palacio de la Merced y Teatro Principal. Exposición múltiple promovida en conjunto por las instituciones cordobesas (Junta de Andalucía, Ayuntamiento, Diputación, Universidad y CajaSur), la muestra pretende rendir homenaje al coleccionismo artístico contemporáneo, en este caso representado en Pilar Citoler y su colección conocida como Circa XX. MODERNSTARTS inspira su título en un proyecto realizado por el MoMA hace más de una década. Como el cordobés, también de homenaje a la modernidad y a los artistas pioneros que desde el inicio del siglo XX cuestionaron la visión tradicional y académica del arte ofreciendo nuevas perspectivas que llevan sus consecuencias hasta el arte más radical de nuestros días. La muestra, compuesta de unas trescientas obras (pintura, escultura, dibujo, grabado, fotografía y vídeo) se articula, en los distintos espacios, estableciendo cortes cronológicos y reuniendo tanto obra de artistas españoles como internacionales. Es sabido que una de las características de Circa XX es la reflexión en torno a los procesos artísticos sucedidos no sólo en nuestro país, sino también en el mundo del arte internacional. La colección de Pilar Citoler (Zaragoza, 1937), iniciada al comienzo de los años setenta, ha sido expuesta en numerosos Museos y centros expositivos desde 2002. Citoler es Premio ARCO al Coleccionismo Privado en España (2005), Premio de la Universidad de Córdoba (2006) y Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (2007). La última exposición sobre su obra tuvo lugar el pasado año en Madrid en las salas del Círculo de Bellas Artes y de la Comunidad de Madrid.

Andy Warhol. Marilyn, 1967, serigrafía sobre papel

En las siguientes cuatro entradas se encuentra información sobre cada una de las salas, así como la relación de artistas que participan en cada una de las exposiciones con arreglo al siguiente programa:

MODERNSTARTS
Arte Contemporáneo en la Colección Circa XX – Pilar Citoler
Del 17 de enero al 29 de marzo

· 1910-1980 Los orígenes del Arte Contemporáneo (Sala Vimcorsa)
· La época movida: Circa/Desde los años 0chenta (Palacio de la Merced)
· Dentro/Fuera (o) Ceci n’est pas una photographie (Sala Museística CajaSur)
· Videocreación (y) el arte del mañana (Teatro Cómico)


Descargar folleto (PDF)


Córdoba quiere la Colección Pilar Citoler

Octubre 13, 2008

Pilar Citoler Foto: Chema Conesa (elmundo)

Ayuntamiento de Córdoba, Diputación de Córdoba y Junta de Andalucía han decidido unir sus fuerzas y luchar por conseguir que la ciudad califal albergue de manera permanente Circa XX, la colección de más de 1300 piezas de Pilar Citoler, una de las coleccionistas privadas más importantes de España. En 34 años que lleva adquiriendo cuadros, Citoler ha reunido una colección de valor incalculable: más de 1300 obras repartidas entre dos casas y una clínica. Y todo lo ha pagado con su trabajo de médica odontóloga.

Antoni Tapies Técnica mixta: látex y polvo de mármol sobre lienzo 1966
Nacida en Zaragoza, en 1943, pertenece a un grupo de compradores que conciben el arte como una necesidad, como un lenguaje extraño que le es necesario para descifrar la realidad. Tras más de 34 años de cultivar una colección admirable, la aragonesa Pilar Citoler se ha fijado un nuevo reto: su deseo es que las piezas de su colección Circa XX de arte moderno permanezcan unidas y se exhiban en el futuro en algún centro o museo de arte contemporáneo. Citoler recibió el Premio ARCO 2005 y ha dado nombre a un premio internacional de fotografía en Córdoba, cuya III edición se dilucidará en 2008. Albergar sus obras es algo «complicado», ya que debe concitar el «máximo interés» de instituciones públicas y privadas, además de habilitar un espacio amplio. Y Córdoba aspira a ser la sede de su legado, un paso más en el camino de la Capitalidad Cultural Europea de 2016.

Masque africaine Julio González Lápiz sobre papel 1940

Los inicios

Pilar Citoler cuenta que desde niña se sintió fascinada por los colores y las composiciones artísticas. A los 16 años comenzó a viajar a París durante los veranos para aprender francés, y la ciudad de la luz le descubrió su propia atracción por estas obras.

Sin título Eduardo Chillida “Collage” y dibujo sobre papel 1978

Estudió odontología –igual que su padre y su abuelo–, y gracias a sus viajes por toda España y Europa, entró en contacto con galeristas y pintores. Actualmente, vive en Madrid, en una cas llena de pinturas y libros que versan sobre pintura, escultura o arquitectura. Su primer óleo adquirido fue de José Caballero, El andaluz perdido, y lo compró a la galerista Juana Mordó en Madrid, en 1969. Cada cuadro de su colección constituye un momento íntimo, personalísimo, de su propia existencia. Y hay de todo: pintores figurativos, arte pop, surrealismo, algo de expresionismo o vanguardia de posguerra, los nuevos caníbales, fotografía y un largo etcétera. No es elitista ni pedante, más bien contempla sus obras con orgullo, como si ella las hubiera salvado del olvido y aspira a ponerlas a disposición del público. Destacan en su colección las obras de autores españoles como Eduardo Arroyo –uno de sus favoritos–, Pablo Picasso, Joan Miró y Antoni Tapies, entre otros. O nombres europeos como Dubuffet, Le Corbusier, Lèger o Michaux; también hay americanos como Lichtenstein y Warhol. Conoció a los miembros de grupos como El paso o el de Cuenca, grupos que han marcado sus preferencias. Entre sus preferidos, las obras de Canogar, Jesuita III, de Roberto Matta, Why I surprise at you!, y un aguafuerte sin título de Picasso. Y nunca habla de lo que se ha gastado en arte.


Julio Romero de Torres

Septiembre 3, 2008

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Julio Romero de Torres (Córdoba, 9 noviembre 1874 – † 10 mayo 1930), pintor simbolista español, fue hijo de Rafael Romero Barros, pintor y director del Museo Provincial de Bellas Artes de Córdoba. Comenzó su aprendizaje en la Escuela de Bellas Artes de Córdoba a los 10 años. Vivió intensamente la vida cultural de finales del siglo XIX y conoció de cerca todos los movimientos artísticos de esa época. En 1890 pinta la que sería su primera obra conocida, La huerta de los MoralesYa en el año 1895 participó en la Nacional en Madrid, donde recibió una mención honorífica. También participó en las ediciones de 1899 y 1904, donde fue premiado con la tercera medalla. En esta época inició su experiencia docente en la Escuela de Bellas Artes de Córdoba. En 1906, el Jurado de la Nacional rechazó su cuadro Vividoras del Amor, lo que provocó que el Salón de Rechazados fuera más visitado que las salas de la Exposición Nacional. Ese mismo año marchó a Madrid, para documentarse y satisfacer su inquietud renovadora. Después realizó viajes por toda Italia, Francia, Inglaterra y los Países Bajos. En 1907 concurrió ya con los pintores más renombrados de la época a la exposición de los llamados independientes en el Círculo de Bellas Artes. Poco después obtuvo por fin su primera medalla en la Nacional del año 1908 con su cuadro Musa gitana. También recibió el primer premio en la Exposición de Barcelona de 1911 con el Retablo de amor, y dos años después en la Internacional de Munich del año 1913. En la Exposición Nacional de 1912, cuando Romero de Torres aspiraba a la medalla de honor, su obra no fue reconocida, lo que provocó que sus admiradores le entregaran una medalla de oro cincelada por el escultor Julio Antonio. Cuando sus cuadros tampoco fueron premiados en la Exposición de 1915 con la medalla de honor decidió retirarse definitivamente de las Exposiciones Nacionales.

En 1916 consigue la Cátedra de Ropaje en la Escuela de Bellas Artes de Madrid, instalándose definitivamente en la capital. A partir de aquí, su obra comenzó a representar el pabellón español en diversos certámenes internacionales, convocados en París, Londres, etc. Sin embargo, el gran momento de éxito se produjo en Buenos Aires, el año 1922. En agosto de ese mismo año Julio Romero de Torres había viajado a la República Argentina con Ramón del Valle-Inclán. La muestra constituyó un éxito sin precedentes. Fue miembro de la Real Academia de Córdoba y de la de Bellas Artes de San Fernando. También exhibió su obra en la Exposición Iberoamericana de Sevilla en 1929. A principios de 1930, Julio Romero de Torres, agotado por el exceso de trabajo y afectado de una dolencia hepática, volvió a su Córdoba natal para tratar de recuperarse. Pintando en su estudio de la Plaza del Potro, realizó entre los meses de enero y febrero la que sería su obra final y más célebremente conocida, La chiquita piconera. El 10 de mayo de 1930 moría Romero de Torres en su casa de la Plaza del Potro en Córdoba, hecho que conmocionó a toda la ciudad. Las manifestaciones de duelo general que produjo su muerte, en las que participaron en masa desde las clases trabajadoras hasta la aristocracia, dejaron patente la inmensa popularidad de que gozaba este pintor ya universal.

-OBRAS MÁS IMPORTANTES-

El grueso de su obra se encuentra en Córdoba en el Museo Julio Romero de Torres, donde se puede admirar el amplio repertorio de cuadros que fueron donados por su familia, por coleccionistas privados o comprados por el Ayuntamiento. Entre las obras más destacadas de este maestro figuran Amor místico y amor profano, El Poema de Córdoba, Marta y María, La saeta, Cante hondo, La consagración de la copla, Carmen, y por supuesto, La chiquita piconera. En 1907 concurrió ya con los pintores más renombrados de la época a la exposición de los llamados independientes en el Círculo de Bellas Artes. Poco después obtuvo en la Nacional, en Madrid, una primera medalla con su cuadro Musa gitana. Análogo galardón recibió en la Exposición de Barcelona de 1911 con el Retablo de amor, y dos años después en la Internacional de Munich. Se ha dicho de él que fue el pintor del alma de Andalucía. Supo plasmar, evidentemente, en sus lienzos una realidad humana de manera predilecta a través de la figura femenina, bien enraizada en la tradición secular de su raza. Cada uno de sus cuadros es como una copla popular o como un requiebro que traduce, con un romanticismo literario acaso excesivo, el ambiente de leyenda y los sentimientos trágicos o sentimentales de una Córdoba idealizada.

Entre las más destacadas de este maestro figuran Amor místico y amor profano, El Poema de Córdoba, Marta y María, La saeta, Cante hondo. Las manifestaciones de duelo general que produjo su muerte, en las que participaron en masa desde las clases trabajadoras más humildes hasta la aristocracia cordobesa, dejaron patentizada la inmensa popularidad de que disfrutaba.

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Romero de Torres (JRT) pertenece a una generación colosal de la pintura española: Ignacio Zuloaga, José Gutiérrez Solana, Anglada-Camarasa, Santiago Rusiñol, Darío de Regoyos, Isidre Nonell, Francisco Iturrino, Juan de Echevarría, Eduardo Chicharro, Nicanor Piñole, Valentín y Ramón Zubiaurre, Daniel Vázquez Díaz, Joaquín Sunyer, Julio González, Joaquín Torres-García.

OBRA EN CÓRDOBA

‘Amalia’, ‘Mary Luz’, ‘Eva’, ‘Nieves’, ‘Angeles’, ‘La Niña de la Jarra’, ‘La Muerte de Santa Inés’, ‘La Contrariedad’ y ‘Bendición’, son siete cuadros recientemente restaurados. Así pues, Córdoba, que ha mostrado un especial interés por el Museo Julio Romero de Torres, ha restaurado en los últimos años todo el mobiliario procedente del estudio que el pintor tenía en Madrid, enseres que le acompañaron a lo largo de toda la vida y diversos cuadros”. Según Rodríguez, “los cuadros del Museo Romero de Torres estaban en pésimas condiciones, puesto que tras la muerte de Julio Romero de Torres en 1930, sufrieron durante 70 años los repintes y barnices de baja calidad que les dio su hijo, Rafael Romero de Torres, que habían oscurecido las obras hasta extremos de cuadros totalmente ennegrecidos”. Para paliar esta situación, recordó que “durante los últimos cinco años el Ayuntamiento ha recuperado para el patrimonio de Córdoba un total de 28 lienzos del Museo Julio Romero, a los que hay que sumarle estos nueve, lo que hacen un total de 37 obras, más el cuadro del padre de Julio Romero de Torres, titulado ‘Mendigos’, de Rafael Romero Barros, adquirido el pasado año para enriquecer el patrimonio del Museo”. De este modo, añadió que “queda pendiente todavía la limpieza, consolidación y restauración de 50 lienzos, que se llevarán a cabo en los próximos cuatro años”.

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Gitana (1929)  Nº 33

INFLUENCIAS DE ROMERO DE TORRES
En sus años triunfales, Julio Romero de Torres era asediado por las mujeres con el mismo entusiasmo con que hoy persiguen a cualquier figura destacada de la canción o de la pantalla.Y además, es posible que produjera un cierto morbo ya que sus exposiciones estaban llenas de lienzos con mujeres desnudas y retratos femeninos. Su carácter sociable le facilita conocer, durante su estancia en Madrid, a los más insignes y destacados personajes de la época. Asiste a tertulias con Ortega y Gasset, Jacinto Benavente, Manuel y Antonio Machado, Pérez de Ayala y los hermanos Álvarez Quintero.

Antonia Obispo, modelo de JRT

Conoce a Joaquín Costa, y entabla estrecha amistad con Ramón del Valle Inclán. Participa en la tertulia nocturna del Café Nuevo Levante, a la que asisten artistas e intelectuales de la talla de los hermanos Baroja, Ignacio Zuloaga, José Gutiérrez Solana, Rafael de Penagos. A los 56 años, en 1930, en su máximo apogeo, muere en su casa de la Plaza del Potro, en Córdoba. En señal de luto cierran comercios y tabernas. Su féretro se expone en el Museo Provincial y en el cortejo fúnebre son obreros cordobeses los que le llevan a hombros hasta su última morada en el cementerio de San Rafael. El terreno de la tumba le es cedido a perpetuidad por el Ayuntamiento de su Córdoba natal, donde posteriormente se erige un monumento.

Historia de un museo

Tras la muerte de Julio Romero de Torres, el 10 de mayo de 1930, Francisca Pellicer viudad del pintor, y sus hijos, Rafael, Amalia y María, decidieron la creación de un museo dedicado a la memoria del artista cordobés legándolo a la ciudad de Córdoba. De esta manera, el 23 de noviembre de 1931 se crea el museo siendo inaugurado por parte del presidente de la república, Niceto Alcalá Zamora. En el año 1934, se compra la casa conlindante, siendo inaugurado el actual museo en el 24 de mayo de 1936. La última remodelación data del año 1992, para la instalación de sistemas de iluminación y seguridad, así como para la renovación de parte de las estructuras del museo. La Orden de 7 de julio de 1997 se acuerda la inscripción de este museo en el Registro de Museos de Andalucía. (BOJA 91 de 7 de agosto de 1997). La Resolución de 25 de febrero de 1998, de la Dirección General de Instituciones del Patrimonio Histórico, hace pública la relación de los museos inscritos y anotados preventivamente en el Registro de Museos de Andalucía entre los que se encuentra éste. (BOJA 38 de 4 de abril de 1998). Con la Resolución de 19 de diciembre de 2001 se le concede una subvención de 1.200.000 ptas. (7.212,15 € ). (BOJA 20 de 16 de febrero de 2002).

La Mujer según Julio Romero

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OBRAS

1   * Alegrías
2   * Amor místico
3   * Ángeles
4   * Ángeles y Fuensanta
5   * Arcángel San Rafael
6   * Bendición
7   * Boceto de Ysolina Gallego
8   * Cabeza de santa
9   * Cabeza de vieja
10 * Cabeza empezada
11 * Cabeza sin terminar
12 * Camino de bodas
13 * Cante hondo
14 * Carmen
15 * Cartel corrida benéfica de toros
16 * Cecilia Roballo
17 * Concepción Magacén
18 * Concepción Ruiz Frías
19 * Conchita Triana
20 * Contrariedad
21 * Córdoba 1912
22 * Córdoba 1916
23 * Diana
24 * El cohete
25 * El pecado
26 * En la ribera
27 * Encendiendo la mecha
28 * Escritor Cristóbal de Castro
29 * Eva
30 * Flor de Santidad
31 * Fragmento de un retrato
32 * Fuensanta

33 * Gitana
34 * Horacio de Castro Carboné
35 * Horas de angustia
36 * Isabel Llopis de Luque
37 * La Argentinita
38 * La chiquita buena
39 * La chiquita piconera
40 * La Condesa de Colomera
41 * La copla
42 * La escopeta de caza
43 * La gracia
44 * La muerte de Santa Inés
45 * La nieta de Trini
46 * La niña de la jarra
47 * La niña de la rosa
48 * La niña del candil
49 * La sibila de las Alpujarras
50 * La Virgen de los faroles
51 * Magdalena
52 * Manuel Ruiz Maya
53 * Margarita Nelken
54 * María de la O
55 * María Pilar
56 * Marta
57 * Mary Luz
58 * Ministro Barroso y Castillo
59 * Mira qué bonita era!
60 * Monjita
61 * Mujer de Córdoba
62 * Mujer de la pistola
63 * Naranjas y limones
64 * Nieves
65 * Nocturno
66 * Nuestra Señora de Andalucía
67 * Ofrenda al arte del toreo
68 * Poema de Córdoba
69 * Poeta Joaquín Alcaide Zafra
70 * Rafaela
71 * Retrato de Amalia Romero de Torres
72 * Retrato de don Jose Antonio Gómez
73 * Retrato de joven
74 * Retrato de María Aguilar
75 * Retrato de Ysolina Gallego
76 * Rosarillo
77 * Salomé
78 * Salud
79 * Samaritana
80 * Tte. General Diego Muñoz Cobos y Serrano.
81 * Viva el pelo

 

 

 

Presentación de un vídeo de obras del pintor Julio Romero de Torres (www.miscuadros.net)

COPIAS Y FALSAS ATRIBUCIONES 

 Chiquita Piconera

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Duchamp

Agosto 26, 2008

Marcel Duchamp, Nueva York (1948)

OBRAS

Nudo che scende una scala, 1912

Nudo che scende una scala, 1912

Ruota di bicicletta, 1913

Duchamp, ruota di bicicletta, 1913

Cartel de la Exposición de Armory, Nueva York, 1913 

In advance of a broken arm, 1915

Fontain, 1917

Etant donnés part. 1946-66

Duchamp, Etant donnés part. 1946-66

 


Gutiérrez Solana

Agosto 24, 2008

José Gutiérrez Solana
Autorretrato, 1943
[Óleo sobre tela]

José Gutiérrez Solana (Madrid, 1886-1945), pintor y escritor expresionista español. Su padre, nacido en México, vino a España gracias a una herencia. Estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando; después alternó estancias entre Santander y Madrid. Viajó por pueblos y llegó a ser peón de la cuadrilla del torero Bombé, aunque vivió holgadamente con el dinero de su padre. Por fin se instala en Madrid a finales de 1917. Vive con su inseparable hermano Manuel, que es cantante.

Solana crea un propio estilo, nada académico ni inclinado a las vanguardias, por más que frecuente la intelectualidad reunida en la tertulia de Pombo, cuyo animador Ramón Gómez de la Serna le dedicó un libro, a lo que correspondió el pintor con su cuadro Mis amigos (1920), donde pinta tal tertulia en torno a una mesa (Museo Reina Sofía de Madrid). Expuso en el Círculo de Bellas Artes en enero de 1907 e hizo su primera exposición en París en 1928, aunque fue un absoluto fracaso. En otra, sus cuadros se colgaron detrás de una puerta para que no incomodasen al monarca. En 1936, cuando comienza la Guerra Civil, Solana es famoso y reconocido fuera y dentro de España. Se traslada a Valencia y luego a París, donde publica París (1938). Desde 1939 vive en Madrid, donde fallece el 24 de junio de 1945.

Su pintura refleja, como la de Darío de Regoyos y la de Ignacio Zuloaga, una visión subjetiva, pesimista y degradada de España inmediatamente posterior a la de la Generación del 98. Fuera de la influencia que en él ejercen los pintores del tenebrismo barroco, en especial Valdés Leal, tanto por su temática lúgubre y desengañada como por las composiciones de acusado claroscuro, es patente la influencia de las pinturas negras de Goya o del romántico Eugenio Lucas. Su pintura es feísta y destaca la miseria de una España sórdida y grotesca, mediante el uso de una pincelada densa y de trazo grueso en la conformación de sus figuras. Su paleta tenebrista resalta el oscurantismo de una España divida en tres temas: las fiestas populares (El entierro de la sardina, Carnaval en la aldea), los usos y costumbres de España (Garrote vil, La visita del obispo, Procesión en Cuenca, El desolladero, La reunión de la botica) y los retratos (1920, Mis amigos o Reunión en Pombo).

José Gutiérrez Solana
Mujer ante el espejo, 192?
[Óleo sobre tela]

José Gutiérrez Solana
Payasos, 1920
[Óleo sobre tela – 98 x 124 cm Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía]
 
José Gutiérrez Solana
Los amigos o La tertulia de Pombo, 1924
 
José Gutiérrez Solana
La visita del obispo, 1926
[Óleo sobre tela ]

José Gutiérrez Solana
La máscara y los doctores, c. 1928
[Óleo sobre tela  Galería Cardani]

José Gutiérrez Solana
La cupletista, c. 192?
[Óleo sobre tela ]
 
José Gutiérrez Solana
Cupletistas de pueblo, c. 193?
[Grabado ]
José Gutiérrez Solana
Mujeres vistiéndose, c. 1933
[Óleo sobre tela ]

José Gutiérrez Solana
Unamuno, c. 1933
[Óleo sobre tela ]
 
José Gutiérrez Solana
Máscaras bailando del brazo, 1938
[Óleo sobre tela  140 x 114 cm]

José Gutiérrez Solana
Retrato de Valentín Ruiz Senén, c. 194?
[Óleo sobre tela ]

 

José Gutiérrez Solana
La procesión, c. 1943-45
[Óleo sobre tela ]

Su pintura, de gran carga social, intenta reflejar la atmósfera de la España rural más degradada, de manera que los ambientes y escenarios de sus cuadros son siempre arrabales atroces, escaparates con maniquíes o rastros dignos de Ramón del Valle-Inclán (por los que sentía especial predilección), tabernas, “casas de dormir” y comedores de pobres, bailes populares, corridas, coristas y cupletistas, puertos de pesca, crucifixiones, procesiones, carnavales, gigantes y cabezudos, tertulias de botica o de sacristía, carros de la carne, caballos famélicos, ciegos de los romances, “asilados deformes”, tullidos, prostíbulos, despachos atiborrados de objetos, rings de boxeo, ejecuciones y osarios. Trabaja también el grabado, generalmente al aguafuerte, insistiendo en una técnica directa y más bien ruda, de trazos gruesos. Como escritor posee un estilo semejante, de grandes cualidades descriptivas, vigoroso y enérgico, apropiado para la estampa costumbrista. Por ello la mayoría de sus obras son libros de viajes. Sus escritos más importantes son Madrid: escenas y costumbres (1913 y 1918, dos vols.), La España negra, 1920, Madrid callejero, 1923 y Dos pueblos de Castilla, 1925. También escribió una novela, Florencio Cornejo (1926). París, que Solana escribió entre febrero de 1938 y junio del 39 (durante la guerra civil marchó con su familia de Madrid a Valencia y de Valencia a París, donde vivieron en el Colegio de España). Resulta curioso constatar cómo lleva su España negra allá donde va y nos enseña un París muy distinto al habitual, lleno de mendigos, putas y perros. Y encuentra parecidos con Madrid por todos lados. 

 

Tomado del libro Madrid , originariamente, y ahora en La España Negra (I y II), se arranca con el famoso “Prólogo de un muerto”. Solana se despierta dentro del ataúd, en el cementerio: “Ha pasado el tiempo, no sé cuánto; mis miembros han ido recuperando poco a poco algo de vigor y al terrible pánico pasado ha sucedido una curiosidad sin límites, un deseo de verlo y escudriñarlo todo. Entra la luz por una claraboya y veo figuras con los atributos mortuorios, el ángel del dolor, y unos angelones con unas trompetas de la fama en alto. Salgo a ver esto aunque tengo los mienbros entumecidos, y con sorpresa leo sobre el mármol blanco con letras de bronce: “Panteón de Hombres Ilustres” [...] El féretro de La Cierva se ha corrido un poco y ha podrido media cara al subsecretario Martínez Ruiz, Azorín, por estar debajo, como una muela podrida corrompe a otra. Azorín está en el nicho vestido de subsecretario, un uniforme muy recargado de oro, pero algo apolillado por algunos sitios; la parte de la cara que da a La Cierva está horrorosamente desfigurada, comida de gusanos y con un ojo fuera; los dientes como fuera y desprendidos de los alvéolos; tiene la boca entreabierta para poder respirar pues la nariz la tiene tapada con la mano porque encima de su nicho está el del ministro Juan de La Cierva y este tipejo, hombre de brazos cortos y afeminado, huele tan mal de los gases que lleva dentro de su cuerpo venenoso que parece que ha filtrado pus y veneno a los compañeros de admiración de política y de automóvil pues todos están negros y huelen a retrete. [...] Azorín tiene un pie fuera y podrido. [...] Luego atrae mi vista una tumba llena de cintajos y banderas. Después de hacer algunos esfuerzos para separar estos engorros, puedo percibir la simpática figura de Don Benito Pérez Galdós. El gran escritor está enfundado en un gabán y todavía calza una abigaradas zapatillas de orillo; tiene las puntas de los dedos quemadas por el tabaco y los párpados unidos aprisionando sus ojos pequeños que tanto vieron y que tan bien supieron escribir. La Emilia Pardo Bazán está enterrada con la muceta y toga de catedrático de literatura de la Universidad de Madrid; tiene puestos los impertinentes y por debajo de una falda morada con lentejuelas, de reunión, se ven los zapatos de baile; tiene en su nicho dos pebeteros encendidos y, a pesar de que la han embalsamado, su putrefacción es tan grande que no hay modo de enterarse de más detalles de su “tualet”. Huele también tan mal que ha podrido todo el traje de reunión y de baile con que fue enterrada, los encajes, los chapines llenos de pus pestilente y los tacones torcidos en los que hay agujeros por los que han entrado gusanos y culebras que se asoman a las ventanas de sus tibias [...] [Pío Baroja] está en el nicho con la cabeza gorda, pues la boina le viene chica, y conserva una maleta al lado, uno de esos maletines que traen los viajeros cuando vuelven de Roma de visitar al Papa con botellas de aguas benditas, cintas y escapularios.”

Ramón Gaya, preguntado por el Solana escritor, afirma: “Entonces todos conocíamos su escritos. Cuando Solana publicaba un libro, acudíamos en seguida a la librería a comprarlo. Es un escritor de raza, aunque no hace más que contar las cosas simplemente. Es mucho más fuerte que Baroja, más tremendista. Los temas de sus cuadros están ahí; todo eso lo ha visto, no se lo han contado. Él lo describía cuando pintaba. En realidad, en sus pinturas, no busca tanto pintar un cuadro como contar lo que ha visto, pero como es un pintor, pues pinta un cuadro: ‘Había una vieja.. y estaba escupiendo sangre…‘, y eso lo pinta. Sólo que en vez de ser un naif, que no sabe pintar, resulta que es un gran pintor y, claro, eso aparece. Si no fuera el pintor que es, eso que pinta no tendría ningún interés. Y todo hecho con esa misma expresividad que tiene también Van Gogh. Hay algo sumamente directo en estos dos pintores. De la naturaleza a ellos y de ellos a la naturaleza. Hay como una comunicación primaria, algo como antes de la cultura; por eso tienen esa intensiva expresividad, y como una cierta torpeza, se puede hermanar con la torpeza, pero es una torpeza muy especial.” (Ramón Gaya de viva voz, Entrevistas 1977-1998, Pre-textos 2007, pág. 62). En ”La España negra” hay fragmentos de “Viajes por España”, con descripciones de Barcelona, Talavera de la Reina, Chinchilla, Cuenca, Toledo, Haro, Soria y Segovia, así como varios agrupados bajo el epígrafe genérico de “Santander”, “Madrid” o los dedicados a Chinchón, Boadilla del Monte, Villaviciosa de Odón, El Escorial o Navalcarnero, agrupados bajo el de “El libro de los pueblos de Madrid”, ya que algunos de ellos se debían a libros proyectados por Solana que no llegó a publicar. El capítulo de “Madrid”, por ejemplo, incluye epígrafes que ya avisan de lo que va a venir después, como “La recogida de los perros, los laceros y el depósito del canal”, “Los locos”, “El carnaval de Carabanchel Bajo” o “Peluquerías económicas”. Aunque la pintura fue el arte que le hizo célebre y el único que le reportó beneficios económicos -la escritura le costó dinero, se editó él mismo todos sus libros menos uno-, Solana quiso considerarse siempre tan escritor como pintor, y a su humor pertenece el aserto “con esto de escribir no hay quien pinte y con esto de pintar no hay quien escriba”, que empleaba cuando estaba muy atareado.

Los textos de Solana huelen a órganos. Sus lienzos exageradamente empastados contienen una mezcla de negro, ocre, rojo, marrón, de amarillo y de blanco sucio. Sin brillos, sin luces. No es un escrito ni un cuadro, es un cuerpo, y como tal despide olor, resuda y se enrancia. El texto de Solana es un cuerpo que admite múltiples dimensiones y pocos encasillados. Macizo, denso y oloroso, muestra sus interioridades, sus vísceras, de la forma más sencilla y, por ello, hoy complicada y obtusa, sin más cera que la que arde, sin otro reclamo que lo que se ve, como aquel que estuviera de cuerpo presente. Su obra no tiene un sujeto detrás, Solana ha muerto en ella, su cuerpo está ahí expuesto, cadavérico, en la frontera entre los vivos y los muertos, entre el aquí y el allá, siempre a mitad de camino.

Otro ejemplo de su prosa: “Después de este largo viaje, me encuentro por fin en casa, un poco cansado, más envejecido, algunas canas brillan en mis sienes y la juventud parece que quiere despedirse de mí. Tengo mi vieja maleta abierta en medio de la habitación, toda revuelta, por la que veo asomar alguna ropa y muchos papeles, apuntes de viaje, los que tendré que poner en orden. [...] En un testero, y enfrente de mí, está el cuadro de la reunión de Pombo; son los buenos amigos del café, a los que mando mi primer saludo. Es un cuadro a medio conseguir, y ahora verdaderamente siento el no haberle podido dar una forma más acertada y más decisiva. En el centro está nuestro querido amigo Ramón Gómez de la Serna, el más raro y original escritor de esta nueva generación. Está puesto en pie y en actitud un poco oratoria; recio, efusivo y jovial, una tanto voluminoso, pero menos de lo que deseamos verle, para completar su gran semejanza con un Stendhal español o un nuevo Balzac de una época más moderna y menos retórica; cerca de él está su cartera, esa buena amiga que siempre le acompaña llena de pruebas de imprenta y dibujos que hace rápidamente para ilustrar sus escritos con comentarios gráficos admmirables, siluetas rapidísimas llenas de humorismo y amenidad y que dan un encanto más a los artículos que publica casi diariamente en La Tribuna y El Liberal. A su lado Bacarisse, Coll, Bartolozzi, Cabrero, Borrás, Bergamín, Abril, y encima, el prodigioso espejo de Pombo, este espejo cinematográfico, cuya luna patinada cambia constantemente de expresión; unas veces nos sugiere ideas antiguas, nos transporta a la época de Larra; los viejos con grandes levitas y las enormes chisteras, los fracs, las corbatas con muchas vueltas y los chalecos rameados, de los que cruzan las pesadas y largas cadenas de oro.”

(José Gutiérrez-Solana, Obra literaria, Tomo II, págs. 168-169, editado por Fundación Santander Central Hispano). 

José Gutiérrez Solana, “Recogiendo a los muertos”, 1937

 

 

 

 

 

 

 


Basquiat

Agosto 19, 2008
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Jean-Michel Basquiat (1960-1988)

Nacido en Brooklyn (Nueva York) el 22 de diciembre de 1960, de padre haitiano y madre puertorriqueña. Su padre, Gerard Basquiat, era un contador de respetable solvencia económica, y su madre, Matilde, era una diseñadora gráfica de gran prestigio profesional. Cuando sus padres se divorciaron tuvo que cambiar muchas veces de escuela. Estudió en una escuela católica privada, luego en una pública y a los 16 años ingresó en la City-As-School, un centro para adolescentes dotados del que lo expulsan por rebeldía un año antes de graduarse. Entró en contacto con las drogas y las bandas callejeras que conseguían dinero de mala manera. En 1977, junto con Al Díaz, se introdujo en el mundo del graffiti, pintando en los vagones del metro y por las zonas del SoHo. Al año siguiente dejó la escuela un curso antes de graduarse en bachillerato (high school) y abandonó su casa para vivir en edificios abandonados o con sus amigos en el Low Manhatan, sobreviviendo a base de vender postales y camisetas que él mismo decoraba. Seguía dedicándose al graffiti, sus pintadas y escritos tenían mucha carga poética y satírica. El pseudónimo de su alter ego compartido con Al Díaz (SAMO: siglas de same old shit, la misma vieja mierda) con el que firmaban cuando pintaban sus tags y graffitis, con crípticos mensajes fue decisivo en su vida. Estos murales llevaban inscripciones como “SAMO salva idiotas” o “SAMO pone fin al lavado de cerebro religioso, la política de la nada y la falsa filosofía”. Un artículo sobre la escritura callejera de SAMO publicado en “The Village Voice” fue el primer indicio de que el mundo del arte se interesaba por él. Desde finales de los años sesenta, grupos de jóvenes de los barrios marginales de Brooklyn y del Bronx empezaron a cubrir las paredes de los espacios públicos (tapias, vallas publicitarias, andenes, túneles y vagones del ferrocarril metropolitano) de garabatos y pintadas. Los más próximos a la love generation se valían de esos espacios públicos para dar rienda suelta a su desencanto, a sus protestas, a sus desacuerdos con las estructuras sociales, políticas y económicas de un sistema que les era absolutamente adverso. Otros, huyendo de sus guetos, dejaban sus huellas o sus marcas anónimas en los muros urbanos con actitudes despolitizadas e indiferentes al establishment y con la única voluntad de afirmar su identidad y dar testimonio de su existencia en el seno de un sistema que los tenía apartados. En 1979 escribió en los muros del SoHo: SAMO is dead. Entonces, colgó el graffiti, y fundó el Gray, un grupo musical en el que tocaba el clarinete y el sintetizador y con el que frecuentaba “pubs” como CBGB y el Mudd Club, lugares de moda donde se reunían otros artistas, pero pronto abandono su incipiente carrera musical. En el East Village, músicos y artistas elaboraron su propia subcultura (hip hop), compartieron su afición por la música rock, por el break y el rap y llevaron a cabo performances, filmes underground y graffitis. A partir de 1980, cuando aún vivía como un vagabundo, se dedica principalmente a la pintura. A diferencia de la mayor parte de los grafiteros, Basquiat sentía una verdadera fascinación por el expresionismo abstracto, por Kline, Pollock, De Kooning y por las caligrafías de Cy Twombly, todo lo cual le llevó a tener un gran dominio del grafismo. Interesado también por las “combine paintings” de Robert Rauschenberg y por el Art Brut de Jean Dubuffet, así como por la cultura popular, sus graffitis adquirieron una cualidad plástica y expresiva cada vez más próxima a la de la reciente pintura norteamericana, hasta el punto que, unos años más tarde, Jeffrey Deitch definió su trabajo como una “chocante combinación del arte de De Kooning y de los garabatos pintados con aerosol en el metro neoyorquino”. 

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Basquiat se hizo famoso firmando sus graffitis con la sigla SAMO, letras que solo son las iníciales, en inglés pueblerino, de: “La misma vieja Mierda”. Estos rayados firmados pasaron a ser parte del Manifiesto Graffitista en esos edificios estatales del bajo Manhattan, pocilgas con subvención gubernamental.

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Basquiat, a contracorriente de sus colegas graffitistas, no usa color para sus rayados e incluso ni siquiera imágenes, a veces, sólo palabras como: “SAMO© AS AN END TO MINDWASH RELIGION, NOWHERE POLITICS, AND BOGUS PHILOSOPHY” o “PLUSH SAFE HE THINK / SAMO©.” Estos escritos serán luego, parte fundamental de sus pinturas. No es que fuera el único que escribía en sus pinturas, durante la década del ochenta, pero si es el que mejor juntó los elementos integrando un dinámico “Todo”.

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SAMO al obtener su minuto de fama contradice el carácter confrontacional de su génesis, esto llega al límite cuando “Village Voice” saca un artículo en 1978 sobre los escritos.

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“SAMO IS DEAD”, aparece escrito en paredes del SoHo, que no tiene nada que ver con el Soho londinense, finalizando este periodo antistablishment o empezando el fin del artista callejero neoyorkino.

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Basquiat ingresa al carril de los famosos cuando, en 1981, el provocador crítico de arte Rene Ricard escribe: “El niño radiante” en Artforum, esto catapulta la imagen de Basquiat como artista dejando de lado su imagen de ensuciador de paredes.

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Basquiat saca sus ideas de una fuente no tradicional, como los expresionistas alemanes casi un siglo atrás, busca con esto tener más fuerza en su obra, que sea más expresiva y directa. Su estilo es Neo Expresionista.

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La fuente son sus raíces africanas y el primitivismo infantil. En una entrevista, de 1983, le preguntan si hay rabia en su obra, “Hay un 80% de rabia” responde. Pero hay algo de humor, sigue el entrevistador. La gente ríe cuando te caes sobre tu culo, donde está el humor? Responde.

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Según palabras de Basquiat poco antes de morir: “Cuando tenía 17 años pensaba que  era una estrella. Pensaba en mis héroes, Charlie Parker,  Jimmy Hendrix… Tenía una idea romántica  de cómo las personas se volvían famosas”.