Prerrafaelistas

Junio 11, 2009

Los Prerrafaelistas (en puridad Hermandad Prerrafaelita: Pre-Raphaelite Brotherhood) fueron un grupo de pintores, poetas y críticos ingleses que, hacia 1848, elaboran en Londres un nuevo canon estético. Formada por John Everett Millais, Dante Gabriel Rossetti y William Holman Hunt, la Hermandad apenas duró un lustro, pero su influencia se dejó sentir en la pintura inglesa hasta entrado el siglo XX. Rechazaban el arte academicista, heredero de la tradición neoclásica, y centraban sus críticas en Joshua Reynolds, fundador de la Royal Academy of Arts. Desde su punto de vista, la pintura académica imperante no hacía sino perpetuar el manierismo de la pintura italiana posterior a Rafael y Michelángelo, con una pintura elegante pero vacua y carente de sinceridad. Propugnan el regreso al detallismo minucioso y al luminoso colorido de los primitivos italianos y flamencos, anteriores a Rafael, a los que consideraban más auténticos. En español, los integrantes de la hermandad son conocidos indistintamente con el diletante «prerrafaelitas» o el popular «prerrafaelistas».

Perséfone, de Dante Gabriel Rossetti.

Comienzos de la Hermandad

La sesión inaugural de la Hermandad tuvo lugar en casa de los padres de John Millais, en Gower Street (Londres), en 1848, y en ella estuvieron presentes John Everett Millais (1829–1886), Dante Gabriel Rossetti (1820–1882) y William Holman Hunt (1827-1910), considerados los fundadores del grupo. Hunt y Millais eran estudiantes en la Royal Academy of Arts. Rossetti era discípulo de Ford Madox Brown (1821–1893), y había conocido a Hunt tras haber quedado impresionado por su cuadro La víspera de Santa Agnes, basado en el poema de Keats. Rossetti, también poeta, estaba interesado en desarrollar los lazos entre la poesía romántica y el arte. En otoño del mismo año, se añadieron otros cuatro miembros a la Hermandad: William Michael Rossetti, hermano de Dante Gabriel Rossetti, Thomas Woolner, James Collinson y Frederic George Stephens. Ford Madox Brown no llegó a unirse a la Hermandad, pero permaneció siempre muy cercano a ella. Algunos otros pintores y escultores tuvieron también una relación muy estrecha con el grupo, sin llegar a formar parte de él: Charles Alston Collins, Thomas Tupper y Alexander Munro. Todos ellos mantuvieron en secreto la existencia de la Hermandad a los miembros de la Royal Academy.

Fuentes e inspiración del prerrafaelismo

Los autores de esta corriente se inspiraron básicamente en el estilo artístico que se dio antes del maestro Rafael, de ahí el nombre que tomaron estos artistas. Es decir, su pintura se focaliza especialmente en evocar el estilo de los antiguos pintores del Renacimiento, especialmente basándose en los autores y temas propios del Quattrocento, el Trecento y asuntos aún más antiguos, medievales principalmente, leyendas arcaicas e incluso, como en el caso del pintor Lawrence Alma-Tadema, pasajes de la época clásica de Grecia y Roma. Entre los artistas más recientes, les inspiraron también las pinturas románticas de Heinrich Füssli y, sobre todo, de William Blake, cuyas visionarias pinturas e ilustraciones de sus libros de poesía influyeron notablemente en algunos cuadros de Rossetti, por su simbolismo y lo fantasmagórico de los protagonistas de los cuadros.

Ideario del grupo

Los objetivos de la Hermandad se resumían en cuatro declaraciones:

  1. Expresar ideas auténticas y sinceras;
  2. Estudiar con atención la Naturaleza, para aprender a expresar estas ideas;
  3. Seleccionar en el arte de épocas pasadas lo directo, serio y sincero, descartando todo lo convencional, autocomplaciente y aprendido de memoria;
  4. Y, lo más importante de todo, buscar la perfección en la creación de pinturas y esculturas.

Estos principios no tenían un carácter dogmático, ya que los prerrafaelistas creían en la libertad personal de los artistas para escoger sus propias ideas y técnicas pictóricas. Bajo la influencia del Romanticismo, pensaban que la libertad y la responsabilidad eran en el arte conceptos inseparables. Sin embargo, les fascinó particularmente la Edad Media, que entrañaba para ellos una integridad espiritual y creativa que se había perdido en épocas posteriores. Este énfasis en lo medieval suponía en la práctica un alejamiento del realismo, que propugnaba una observación independiente de la naturaleza. En sus primeros momentos, los prerrafaelistas creyeron que medievalismo y realismo eran compatibles, pero en años posteriores el movimiento terminó por escindirse en dos direcciones. La corriente realista fue encabezada por Hunt y Millais, mientras que el medievalismo estaba representado por Rossetti y sus seguidores Edward Burne-Jones y William Morris. La ruptura no fue nunca absoluta, dado que ambas facciones creían en la esencia espiritual del arte, oponiendo así su idealismo al materialismo realista asociado con Courbet y el impresionismo.

En su búsqueda de un colorido brillante, semejante al de la pintura del Quattrocento, Hunt y Millais desarrollaron una técnica pictórica consistente en aplicar por encima del dibujo previamente trazado en el lienzo una fina capa de pigmento blanco, que dejaba visible el dibujo; sobre esta capa húmeda se aplicaba la pintura, con pinceles pequeños y meticulosa lentitud. Esto permitía que el color tuviese en sus cuadros el brillo y luminosidad que buscaban. Este énfasis en la luminosidad del color era una reacción contra el uso excesivo del betún en las obras de artistas ingleses como Joshua Reynolds, David Wilkie o Robert Haydon. El uso del betún dejaba en la pintura zonas oscuras, un efecto que los prerrafaelistas rechazaban.

Visión de la naturaleza

En la visión de la naturaleza de los prerrafaelitas influyeron la democratización de la ciencia y la gran expansión del interés por la historia natural a mediados del siglo XIX. La visión prerrafaelita era óptica e investigadora. Al otorgar a los detalles naturales el mismo valor que al elemento figurativo principal subvertían la idea académica de una composición organizada jerárquicamente, en la que el fondo quedaba subordinado al foco de interés humano. Cada forma de la naturaleza era tratada con gran exactitud, de forma única y autónoma. Este detallismo en la representación pictórica motivó la comparación con el alcanzado por la fotografía y por el microscopio. Algunos críticos indicaron que una concentración de detalles tan excesiva creaba una sensación de hiperrealismo que iba más allá de las nociones aceptadas de realismo en el arte. Los prerrafaelitas pintaban directamente del natural, intentando captar de cerca el detalle. Su objetivo no era la ingenuidad, sino la autenticidad. Para ello la ciencia constituía una guía fiable. Pintar al aire libre en lugar de recurrir a la memoria era fundamental para liberar la mente de esquemas preestablecidos y de verificarlo todo a partir del motivo representado.

Un factor importante en la preferencia por la pintura al aire libre fue el deseo de captar el color tal como aparecía en la naturaleza. Esto les llevó a intentar distinguir entre colores “absolutos” (aquellos que poseen los objetos vistos por separado, sin influencia de ningún otro color) y “aparentes” (aquellos que se regulan entre ellos al ser vistos en conjunto). En cuanto a los lugares representados en sus obras pictóricas, preferían zonas de la periferia de las ciudades, de fácil acceso en tren, siguiendo una especie de principio de proximidad. Los pintores prerrafaelitas rechazaron la estetización del entorno mediante estrategias pictóricas y aunque el parecido de los paisajes prerrafaelitas con los de los pintores flamencos e italianos primitivos es escaso, existen algunos puntos en común: aislamiento de detalles naturales, enfoque homogéneo en toda la imagen (aspecto que ha sido interpretado como un rechazo de las convenciones paisajistas que predominaron después del Renacimiento) y equilibrio entre los elementos figurativos y paisajísticos.

Controversias públicas

La pintura prerrafaelista fue mostrada al público por primera vez en 1849. Los cuadros Isabella (1848–1849), de Millais, y Rienzi (1848–1849), de Hunt, se expusieron en la Royal Academy, y La juventud de la Virgen María de Rossetti en la exposición libre de Hyde Park Corner. Como habían acordado, todos los miembros de la hermandad añadieron, tras su firma, las siglas PRB (Pre-Raphaelite Brotherhood). Entre enero y abril de 1850 el grupo publicó una revista literaria, llamada The Germ. William Michael Rossetti era el editor de la revista, que contenía poemas de los hermanos Rossetti, Woolner y Collinson, junto con ensayos de arte y literatura firmados por simpatizantes de la hermandad, como Coventry Patmore. Como su corta vida indica, la revista no tuvo gran éxito.

 

Cristo en casa de sus padres, de John Everett Millais (1850)

En 1850 la Hermandad Prerrafaelista se convirtió en el centro de una polémica a causa de la exhibición del cuadro de Millais, Cristo en casa de sus padres, considerado blasfemo por varios críticos, entre ellos el famoso novelista Charles Dickens. Se atacó su medievalismo por retrógrado y su detallismo extremo fue tildado de antiestético y ofensivo a la vista. Según Dickens, Millais mostraba a la Sagrada Familia como un grupo de alcohólicos de los barrios bajos, en poses ridículas y absurdamente medievales. Un grupo rival de artistas de la generación anterior, The Clique, hizo a la Hermandad blanco de sus críticas. Sus ideas fueron atacadas públicamente por el presidente de la Academia, Sir Charles Lock Eastlake. Sin embargo, el grupo encontró un importante valedor en el crítico John Ruskin, quien elogió su dedicación a la observación de la naturaleza y su rechazo de los métodos de composición convencionales. Más adelante, Ruskin continuaría prestando apoyo a los prerrafaelistas, tanto económicamente como a través de sus escritos. A causa de estas polémicas, James Collinson abandonó la hermandad. Se propuso sustituirlo por Charles Alston Colins o Walter Howell Deverell, pero no se llegó a un acuerdo. Fue entonces cuando el grupo comenzó a deshacerse, aunque su influencia continuaría haciéndose sentir. Los artistas que habían pertenecido al movimiento continuaron con los planteamientos iniciales del, pero dejaron de incorporar a sus obras las iniciales PRB.

Desarrollo posterior e influencia

Medea, de Evelyn De Morgan (1889)

Entre los artistas británicos que recibieron influencias del movimiento prerrafaelista puede citarse a John Brett, Philip Calderon, Arthur Hughes, Evelyn de Morgan y Frederic Sandys. Ford Madox Brown mantuvo una estrecha relación con el grupo desde sus inicios. A partir de 1856, Rossetti se convirtió en el principal representante de la tendencia medievalista del movimiento. Su obra influyó en su amigo William Morris, del que fue socio en su empresa (y con cuya mujer tuvo tal vez un idilio). Ford Madox Brown y Edward Burne-Jones fueron también socios de la misma empresa. Gracias a ella, los ideales de la hermandad influyeron en gran número de arquitectos y diseñadores de interior, despertando el interés por el dibujo y la artesanía medievales. Esto condujo al movimiento llamado Arts and Crafts, encabezado por Morris. También Holman Hunt se implicaría en este movimiento de reforma del dibujo mediante la compañía Della Robbia Pottery. Hunt y Millais evitaron después de 1850 la imitación directa del arte medieval, interesados en profundizar en los aspectos realistas y científicos del movimiento prerrafaelista. Sin embargo, Hunt continuó destacando la significación espiritual del arte y, tratando de conciliar religión y ciencia, documentó cuidadosamente sus pinturas de tema bíblico con viajes a Egipto y Palestina. Por el contrario, Millais abandonó los postulados prerrafaelistas después de 1860, volviendo paradójicamente a una pintura más académica, con influencias de Sir Joshua Reynolds, que fue duramente condenada por William Morris y otros artistas.

La influencia del prerrafaelismo rebasó los límites de la pintura inglesa, llegando Dante Gabriel Rossetti a ser considerado un precursor del simbolismo europeo. Sin embargo, los ideales artísticos del siglo XX, contrarios a la fijación prerrafaelista por retratar los objetos con precisión casi fotográfica, hicieron que el interés por su pintura decayera, y sólo a partir de los años 70 se le ha comenzado a prestar atención.

Según algunos críticos, el prerrafaelismo podría considerarse el primer movimiento de vanguardia. Algunos rasgos del grupo (la intención rupturista, su carácter programático, la adopción de un nuevo nombre para su arte o la publicación de una revista, The Germ, como órgano de promoción del movimiento) sí parecen anticipar lo que luego será común en las vanguardias; sin embargo, su cuestionamiento de la tradición es mucho menos radical que el de las vanguardias, y no afecta a lo esencial: la mímesis, o imitación de la naturaleza, sigue siendo para ellos el fundamento del arte.

Principales artistas de La Hermandad Prerrafaelita

  • John Everett Millais (pintor)
  • Dante Gabriel Rossetti (pintor, poeta)
  • William Holman Hunt (pintor)

Durante la etapa victoriana, se compendia prácticamente lo mejor de lo realizado en arte en el Reino Unido durante el siglo XIX, pero a través de la colección de un museo de Puerto Rico. Aunque esta iniciativa está cargada de un buen conjunto de razones de toda índole, quizá sea preferible orillarlas para centrarse en lo que es y significa la ciertamente singular pintura británica del siglo XIX, sepultada internacionalmente en el olvido hasta hace unas pocas décadas, cuando, con motivo de la definitiva crisis del vanguardismo lineal al comienzo de 1970, se empezó a revisar la historia completa del arte de nuestra época. Fue entonces, en efecto, cuando, en primer término, se recuperó, junto a otras manifestaciones decimonónicas similares, el interés por la obra de la Hermandad Prerrafaelista, que se había dado a conocer a partir de 1848, y, en segundo, unos años después, por la del amanerado gusto clasicista de ciertos académicos virtuosos, como Poynter, Leighton y Alma-Tadema, a los que el historiador del arte William Gaunt bautizó como los miembros del “Olimpo victoriano”. Significativamente, en la muestra que comentamos, están representados reputados miembros de ambas corrientes, con lo que, como se apuntó al principio, sin ser una exposición “grande” -cuenta con la presencia de media docena de pintores, todos, salvo uno, Burne-Jones, mediante un cuadro-, sintetiza el meollo esencial del asunto abordado. Alguien podría alegar que falta Whistler para recrear al completo el conjunto, pero la presencia de este artista anglo-estadounidense, de “grosera” inclinación francesa, habría mancillado, por su parte, la pureza british de la selección. No en balde, en 1877, el entonces todopoderoso John Ruskin escribió una crítica injuriosa de un cuadro de Whistler, seguida del sonoro proceso judicial que interpuso éste contra aquél, cuya sentencia condenó al primero, pero arruinó al segundo, haciendo buena la proverbial maldición española de que “¡Dios te dé pleitos y los ganes!”.

Prerrafaelistas u olímpicos, los únicos que rompen con la unidad cronológica generacional fueron sus respectivos mentores ideológicos: por un lado, John Ruskin (1819-1900), nacido antes, y, por otro, Walter Pater (1839-1894), nacido después; ambos, en cualquier caso, considerados no sólo como los mejores y más influyentes críticos de arte británicos del siglo XIX, sino dotados por igual de un estilo literario de una rara excelencia. las artes plásticas y la literatura estuvieron muy ensambladas en el Reino Unido durante el XIX, como se corrobora con tan sólo citar los nombres de Rossetti, Thackeray, Swinburne o Browning. Sea como sea, hay que añadir que la mayoría de los miembros del Prerrafaelismo y del olimpismo victoriano nacieron a lo largo de la década de 1830, que fue, a su vez, la misma en la que vieron por primera vez la luz los impresionistas, lo cual aclara lo suficiente las cosas como para ahorrar comentarios.

Pero ¿cuál es lo que diferencia a los prerrafaelistas y a los olímpicos entre sí? Los primeros, por ejemplo, se dieron a conocer como grupo en 1848, mientras que los segundos, sin más interrelación que la temática y el éxito, lo hicieron, sobre todo, a partir de la década de 1870. Por lo demás, ambas tendencias bebieron en las mismas fuentes del primitivismo vanguardista de semejante forma trasnochada, si bien los prerrafaelistas adoptaron el ideal medievalista, atizado en el continente por los nazarenos alemanes casi medio siglo antes, y los olímpicos, por su parte, el ideal ático que el británico Flaxman puso de moda casi un siglo antes. De todas formas, aunque podríamos seguir enumerando esas diferencias anecdóticas que jubilosamente entretienen a los profesores de arte, creo más instructivo centrar la contraposición enfrentando los modelos individuales del prerrafaelista Dante Gabriel Rossetti (1828-1882), representado en la exposición con el rotundo cuadro titulado La viuda romana (Dis manibus) (1874), y Frederic Leighton (1830-1896), que lo está con una obra no menos pujante y característica, la titulada Sol ardiente en junio (circa 1895). Antes, no obstante, de proceder a este análisis antitético, no podemos dejar de señalar que estos dos cuadros reseñados y, en puridad, casi todos los demás que ahora se exhiben junto a ellos, de los que son autores John Everett Millais, William Holman Hunt o Edward Burne-Jones, están afectados por igual por un mismo prototipo ideal femenino de ensoñada mujer, que Maurice Bowra describió certeramente como una romántica manera femenina de mirar lo femenino y que el propio título de la presente convocatoria recoge mediante el rótulo de La bella durmiente.

Segundo hijo de un poeta napolitano carbonario exiliado en el Reino Unido, Dante Gabriel Rossetti heredó, junto a sus hermanos William Michael y Cristina, la pasión lírica paterna, aunque no la política, que, en su caso, quedó compensada por su simultánea dedicación a la pintura. En realidad, el rasgo más decisivamente dominante de Dante Gabriel Rossetti fue la forma más extremada de la pasión, que volcó tanto en el arte como en la vida. Sin recursos económicos, rebelde por naturaleza y bastante autodidacta, Rossetti amó sin medida. La primera, Elizabeth Siddal, con la que se casó en 1860 tras diez años de intensísima relación erótica, pero que fatalmente murió sólo dos años después de los esponsales al ingerir una dosis excesiva de láudano, lo cual culpabilizó de tal manera al artista que introdujo en el ataúd de la difunta toda su producción poética manuscrita, para cuya recuperación se vio obligado, años después, a una macabra excavación de la tumba. Por si no fuera poco lo ya vivido, Rossetti, que se hizo adicto progresivamente al alcohol y al cloral, se enamoró perdidamente de Jane, la mujer de su amigo y colega William Morris, con la que se fugó en 1874. Por unas cosas y por otras, no es, pues, extraño que Rossetti muriese, no sin antes haber intentado suicidarse con láudano, totalmente destruido en 1882 a los 54 años. Al margen de estos inquietantes y extenuantes avatares existenciales, la producción poética de Rossetti, reunida en sendos libros, La casa de la vida y Baladas y sonetos, es, sin duda, una de las mejores de la formidable lírica inglesa del XIX, lo cual equivale a decir que de todo el mundo, pero su obra pictórica no le va a la zaga, no sólo porque su ideal femenino de mujer ensimismada, melancólica e inalcanzable, obsesivamente representado en sus cuadros, no tuvo parangón hasta que fue parodiado en las “mujeres fatales” de fines del XIX, sino porque su sofisticada y originalísima técnica pictórica le distinguió del resto de los mortales.

Precisamente no se le puede escatimar capacidad técnica a Frederic Leighton, hijo de un célebre y acaudalado médico británico, pues se formó en Italia, Alemania y Francia con quien estimó los mejores. Era, además, guapo, distinguido, inteligente, culto, brillante, simpático, muy viajado y amigo de la más exquisita crème social de tres continentes. Voluntarista y metódico hasta lo indecible, este superdotado, por si fuera poco, lo hacía todo bien, desde montar a caballo hasta bailar. En este sentido, no está de más rememorar lo que dijo una entusiasmada joven de la aristocracia italiana a la que sacó a bailar el joven Leighton: “No sé cómo será como pintor, pero para el vals es el mejor de Roma”. Pues bien, este dechado de talentos y virtudes, que se demoró en su aplicada formación artística casi durante tres lustros, volvió a Londres en 1860 y, casi de inmediato, empezó a triunfar, sobre todo, a partir de la década de 1870, cuando formalizó definitivamente su estilo maduro, con idealizadas recreaciones del mundo clásico antiguo, que lo llevaron al máximo de la gloria, incluida la entonces insólita distinción para un pintor de ser nombrado par en la Cámara de los Lores, por lo que hoy todavía es conocido como lord Leighton. Con semejante vía esplendorosa no debe extrañarnos que este olímpico, elevado al Olimpo, no cambiara su refinado estilo pictórico, a cuyo pulimento se entregó hasta el último suspiro. De este esmerado momento final es el cuadro que ahora se exhibe con el título de Sol ardiente de junio, donde una hermosa joven, cuyo excitante cuerpo podemos apreciar a través de la gasa transparente que lo cubre, se deja arrastrar lánguidamente por el sopor estival hasta caer en un profundo sueño, ovillada sobre los cojines que cubren los asientos de mármol de su terraza frente a las refulgentes aguas clásicas del Mediterráneo. Aunque la escena le fue inspirada a Leighton por la postura que tomó en su estudio una de sus modelos dormida y, por tanto, fue copiada del natural, se han señalado precedentes históricos tradicionales, como los de Miguel Ángel y Rosso Fiorentino, aunque es obvio que vistos al trasluz de Ingres y su nutrido grupo de secuaces, como, entre otros, Delaroche, Gleyre, Gerôme y, sobre todo, Bouguereau. Salvo el áspero y genial Ingres, toda la restante plétora era el summum del virtuosismo académico, salpimentado con notas de exotismo y erotismo; es decir: lo máximo para ver la vida y el arte desde la barrera, a prudente distancia, cuando ninguno de ambos puede crear problemas. Hasta ahí alcanzaba a llegar el olimpismo: a degustar todo, menos lo fundamental. -

La señorita Gladis M. Holman Hunt (La escuela de la naturaleza), de William Holman Hunt (1894)


Prerrafaelismo: Alma-Tadema

Abril 26, 2009

Lawrence Alma-Tadema (Dronrijp, 1836 — Wiesbaden, 1912), pintor neerlandés hijo del notario Pieter Tadema. Su padre murió cuando Lawrence tenía sólo cuatro años. Alma era precisamente el nombre de su padrino.  Lawrence se decantó por el arte y lo enviaron a Amberes donde primero estudió en la Academia de Egide Charles Wappers (1952) y después, en el taller de Jan August Hendrik Leys. En 1859 ayudó a Leys en los frescos del Ayuntamiento de Amberes. En la Grosvenor Gallery de Londres, en el invierno de 1860, había dos cuadros que hablan de sus inicios; en concreto, dos autorretratos, uno de 1852, y otro, llamado “Regateo”, pintado en 1860.

Primeras obras

La educación de los niños Clovis (1861), que exhibió en Amberes, fue su primer éxito. Perteneciente a la serie merovingia, entre los que destacan Fredegonda, de 1878 (expuesto en 1880) o Fredegonda en el lecho de muerte de Praetextatus. Otra de sus series reproduce la vida del antiguo Egipto (Egipcios hace 3000, de 1863 y La muerte del primogénito, de 1873). En esta serie están también: Egipcio en la entrada (1865), La momia (1867), El chambelán de Sesostris (1869), Viuda (1873) y José, supervisor del granero del faraón (1874). Escenas de la vida pícara y macabra de Egipto, como también de Grecia y Roma, entre las que destacan Tarquinius Superbus (1867), Fidias y los mármoles de Elgin (1868), La danza pírrica (1868) y La vinería (1869).

 

Primavera de Alma-Tadema (1894), Getty Center, Los Ángeles
Las rosas de Heliogábalo de Alma-Tadema (1888), México, colección particular
Rivales inconscientes, 1893.

En 1869, envió de Bruselas a la Royal Academy Un Amateur romain y Une Danse pyrrhique, y más tarde otros tres cuadros, entre ellos Un Jongleur (1870). En Londres continuó su éxito (con cuadros como The Vintage Festival (1870), The Picture Gallery y The Sculpture Gallery (1875), An Audience at Agrippa’s (1876), The Seasons (1877), Sappho (1881), The Way to the Temple (1883), Hadrian in Britain (1884), The Apodyterium (1886), o The Woman of Amphissa (1887). Uno de sus cuadros más importantes, The Roses of Heliogabalus (Las rosas de Heliogábalo, 1888), está basado en la vida del depravado emperador romano Heliogábalo. Otros como An Earthly Paradise ( Paraíso terrenal, 1891), y Spring (Primavera, 1894) o exquitos cuadritos como Gold-fish (1900), son también deliciosos.

A Favourite Custom, 1909, Tate Britain, Londres.

Dibuja flores, texturas y sustancias reflectantes como metales, cerámica y mármol. Se le llamó  ‘the marbelous painter’ (‘el pintor del mármol’). En su obra abundan los colores brillantes trabajados con delicadeza. Destaca su interés por lo humano y las escenas arcaicas traídas elegante y jocosamente a tiempos modernos. También realizó varios retratos. 

Corona de Alma-Tadema.

 

Matrimonios

En 1863 se casó con la francesa Marie-Pauline Gressin de Boisgirard (quien fue su modelo para En el peristilo de 1866-1868), con la que vivió en Bruselas hasta su muerte en 1869 (con ella tuvo dos hijas, Laurence y Anna). En 1871 se casó con la inglesa Laura Epps, que también aparece en algunos de sus cuadros (p. ej. Las mujeres de Anfisa de 1887). Era un hombre robusto y corpulento, caballeroso aunque algo chusco. De costumbres tradicionales, le encantaban las mujeres y las fiestas. Alma Tadema dejó una vasta colección de pinturas a sus dos hijas solteras.


Van Gogh

Febrero 16, 2009

Nuit étoilée (1889), de Vincent van Gogh

Vincent van Gogh
Nuit étoilée (1889), MoMA, New York.


Modernismo en Córdoba

Noviembre 25, 2008

Casa Palacio de Teófilo Álvarez Cid, obra del arquitecto Adolfo Castiñeyra

Hablar de Modernismo en Córdoba es hablar de Adolfo Castiñeyra Boloix, arquitecto nacido en Córdoba en abril de 1856 y fallecido en junio de 1920. Hijo del palmeño Mariano Castiñeyra, maestro de obras, cursó la carrera en Madrid. En 1881 se casa con María del Carmen Alfonzo, portorriqueña. En 1891 obtiene el título de Arquitecto, a la edad de 35 años, momento en el que vuelve a su ciudad natal al ser nombrado Arquitecto de segunda del Ayuntamiento de Córdoba. En 1892 es nombrado director de la Escuela de Artes y Oficios, en 1893 arquitecto de la Diputación y en 1894, arquitecto de la diócesis. En 1900 es elegido académico por la Real Academia de Córdoba.

Entre sus obras más conocidas se encuentran la fachada del antiguo Gobierno Civil y actual Instituto Maimónides, edificio construido en 1906, o la Casa Palacio de Teófilo Álvarez Cid, en la Avenida del Gran Capitán, que tras un intento de demolición fue adquirida como sede del Colegio de Arquitectos. Fue también el arquitecto encargado de la ampliación de la Caseta del Círculo de la Amistad, de la iglesia de Santa Bárbara de Peñarroya-Pueblonuevo (1913), la terminación de la iglesia de la Inmaculada de Villa del Río (1894), la restauración de las iglesias de San Pablo de Córdoba (1897- 1903) y de San Mateo de Lucena (1898), o la edificación del cementerio de Añora. Entre 1892 y 1920, trabajó en más de medio centenar de obras para particulares, donde dejó su impronta modernista.

El cementerio de Añora

Puerta del cementerio de Añora, obra del arquitecto Adolfo Castiñeyra

El Ayuntamiento de Añora inició en 1903 los trámites para la construcción de un nuevo cementerio que reuniera la higiene y la extensión necesarias para su población, algo más de 2.000 habitantes. Para ello se solicitó la intervención del arquitecto provincial, a la sazón, Adolfo Castiñeyra y Boloix, arquitecto de la Diputación y del Obispado. Cuando se hizo cargo del proyecto del cementerio de Añora, en su haber se encontraban obras importantes como  la iglesia de la Inmaculada de Villa del Río, la iglesia de San Mateo de Lucena y la restauración de la iglesia de San Pablo de Córdoba (con la colaboración de Mateo Inurria), todas ellas en el estilo ecléctico imperante en la época. Es precisamente en 1903 cuando Castiñeyra comienza sus ensayos con un nuevo estilo arquitectónico que había penetrado en España fundamentalmente a partir de las exposiciones universales de París en 1900 y Turín en 1902. El Art Nouveau o Modernismo proclama la libertad del arquitecto frente al academicismo o historicismo dominantes en las décadas anteriores y concede a la ornamentación un papel decisivo. Probablemente el hecho de que fuera desarrollado por hombres con una sólida trayectoria haya motivado que el modernismo cordobés se caracterice precisamente por la mezcla de eclecticismo y modernismo decorativo. En julio de 1903 Castiñeyra, que puede considerarse el introductor del Art Nouveau en Córdoba, comienza la construcción de la primera casa modernista de la ciudad, hoy desaparecida, en la Puerta de Gallegos. En este contexto redacta Adolfo Castiñeyra el proyecto para el cementerio de Añora. El ensayo de modernismo civil se limitará a la portada del edificio, que se hizo de manera ramplona. El presupuesto total de contrata fue de 12.754 pesetas (76€) y la construcción se no se autorizó hasta marzo de 1904. Bartolomé Cabrera García, maestro de obras de Pozoblanco, fue el encargado de realizarlo y obtuvo el visto bueno del arquitecto en octubre de 1906. El nuevo cementerio, que recibió el nombre de “Nuestra Señora del Carmen”, comenzó a recibir enterramientos el primero de julio de 1909. La sobresaliente portada, por razones que desconocemos, no se construyó de acuerdo con los planos del proyecto, sino que se simplificó despojándola de sus elementos más distintivos.  

Portada del cementerio de Añora, de Adolfo Castiñeyra

La edificación final resultó más plana y convencional que lo ideado por el arquitecto. Se olvidan la puerta decorada de acceso al cementerio, la decoración vegetal, las volutas con guirnaldas que caen hasta los arranques del arco, las dos pilastras decoradas con molduras cuya cima se corona con sendos macetones florales. El conjunto ideado por Castiñeyra evidencia su deuda con el Art Nouveau; sin embargo, la portada realizada muestra unas innegables raíces eclécticas, continuadora de la tradición barroca. Lo que quiso ser un primer ensayo de la estética modernista en una construcción pública, quedó reducido a un cementerio corriente.

Iglesia de Villa del Rio (Córdoba), obra del arquitecto Adolfo Castiñeyra

Iglesia de Villa del Rio (Córdoba), obra del arquitecto Adolfo Castiñeyra  

Detalle de la Casa Palacio de Teófilo Álvarez Cid

Detalle del palacete realizado por Adolfo Castiñeyra y Boloix para el Magistrado Alvarez Cid, en 1907, hoy sede del Colegio de Arquitectos en Córdoba.

Modernismo en el norte de Córdoba

La estela de Castiñeyra sigue el palacete de Celestino Romero, la Casa Cardona, en Fuente Obejuna, quizás el más importante edificio modernista de la provincia, que se le atrubuye sin seguridad total. O el edificio del actual BSCH, en la calle Real de Pozoblanco, construido de nueva planta como sede del Banco Hispano Americano, que se inauguró en 1927 y de aspecto modernista, con abultados de yeso a base de ornamentos florales. 

Casa Cardona, en Fuente Ovejuna (Córdoba)

VER: http://www.solienses.com/noria/cementerio2.htm


Santiago Rusiñol

Septiembre 8, 2008

El hablar de Santiago Rusiñol es hablar de la belleza del Arte, es hablar de Modernismo, es hablar del Cau Ferrat, es hablar de Els Quatre Gats, es hablar de Pintura, Literatura, Teatro y Humor, es hablar de su amigo Ramón Casas; es tener en mente su máxima: “El arte por el arte”.

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Rusiñol era arrogante, irónico,  con una fuerte personalidad que, a veces, no era del agrado de todos.

 

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Fue una oveja negra, pertenecía a una tradicional familia catalana, que siempre luchó contra esos sectores conservadores, pequeño burgueses, que eran su raíz.

 

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Ramon Casas, con un background muy similar al suyo, fue su compañero de viajes por esa Catalunya de finales de siglo XIX, recorrían los parajes pintando todo lo que veían sus ojos, ahí nace, también, el Rusiñol escritor.

 

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Sus escritos son más incendiarios que sus pinturas, creo que el hecho de estar amparado bajo un seudónimo le quitó timidez a su postura radical.

 

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Este viaje emprendido creó anécdotas, que hoy no sabemos muy bien si son parte del imaginario popular catalán o fueron realidad. Una de estas narra la vez que trataron de vender “duros” (moneda de cinco pesetas) a cuatro pesetas, ante la atónita y desconfiada mirada de los presentes; para que decir que no lograron vender ni uno, los catalanes son desconfiados cuando de dinero se trata…

 

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Viendo su Obra, desde el inicio, se nota una paleta con muy poco color, en tonos ocres. Tras su llegada a Sitges y el comienzo de su temática paisajista vemos como entra el color de una forma intempestiva, rompiendo con su pasado. Otro detalle para acotar es la utilización de una perspectiva formal, con puntos de fuga claros y precisos que corren generalmente de izquierda a derecha, desde arriba hacia abajo. Otro elemento que usó para crear una profundidad precisa son las diagonales trazadas desde las esquinas de la imagen que brindan fuerza para hacernos “entrar” en su Obra.

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En 1888 abandonó su familia, esposa e hija para “escapar” a París, junto al escultor Enrique Clarasó, ahí convive con Ignacio Zuloaga, Miguel Utrillo y Ramón Casas.

 

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Se sumerge en los terrenos del Impresionismo y Simbolismo, es ahí donde enfrenta el Clasicismo imperante en su tierra natal y aflora su postura Modernista, con una visión Naturalista intimista hecha a partir del encantamiento de un París cosmopolita y tolerante.

 

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Es en París donde el artista se hace adicto a la morfina, se dice que producto de una caída, y es en Sitges donde se recuperará junto a su esposa. Transforma su casa de veraneo en un centro de arte total, Cau Ferrat.

 

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Dependiendo el uso la palabra catalana “Cau” puede significar desde madriguera hasta cuchitril, en un ámbito familiar se traduce como cuarto, “Ferrat” se traduce como herrado. Por tanto Cau Ferrat viene a ser algo así como: “Cuarto adornado con hierro”.

 

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Ese es, de hecho, el origen del nombre de esa casa comprada por Rusiñol en 1891, en Sitges, un lugar donde guardar su colección de piezas de hierro forjado, como candelabros, cerrojos, llaves y otros ornamentos que el artista coleccionó.

 

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patio-de-sitges-interior

 

A ese “Templo del Arte” Rusiñol trasladó la colección de pinturas hechas por sus amigos, antes mencionados, así como Obras de El Greco, Picasso, Pitchot, Regoyos y las suyas mismas.

 

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Vuelve a París, esta vez de la mano con Ramón Casas, y establecen su residencia cerca del “Moulin de la Gallete”, donde llega otro conocido Miguel Utrillo.

 

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A su regreso a Catalunya, en 1892, Ramón Casas sigue su camino con sus desnudos, y Rusiñol se centra en el tema final de toda su Obra, los Paisajes. Recorre el sur de España, pintando estos paisajes que deben ser una bella forma de olvidarse de la morfina y su submundo.

 

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El Novecentismo, que en catalan Eugenio D´Ors llama Noucentisme, margina a Rusiñol totalmente. El “Noucentisme” quiere ser la respuesta al “Modernismo”, quieren ser ellos los que eleven la cultura catalana a nivel europeo. El siglo XX olvida a Rusiñol desde sus inicios, lo olvida de una forma brutal, tratándolo como figura de renombre, premiando su obra y vida, renombrando calles en su honor, en definitiva tratándolo como el “Sumo Pontífice” del Modernismo, pero a su vez despreciando el Modernismo por encontrarlo pasado de moda.

 

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Rusiñol vive 31 años en este siglo XX que lo elogia y margina todo al mismo tiempo. Se dedica a escribir novelas, poesía y teatro, pero su pintura no volverá a ser lo que fue en esa “Belle Époque”.

 

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Muere pintando uno de sus Jardines preferidos, el de Aranjuez en Madrid. Curiosamente Madrid fue una ciudad que le dio la espalda por muchas décadas, sólo hace poco Rusiñol es reconocido como pintor. Las envidias y las ganas de “proteger” a sus propios artistas crean estas acciones injustas y desmerecedoras.

 

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Realismo

Julio 15, 2008

Autorretrato (1860), de Gustave Courbet

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Gustave Courbet nació en Ornans en 1819 y se trasladó a París a los veinte años de edad para estudiar Derecho, pero se dedicó a pintar. En la capital francesa recibió su formación artística, trabajó en la Academia Suiza y copió obras del Museo del Louvre. En un primer momento, pinta el paisaje, especialmente los bosques de Fontainebleau y retratos, con algunos rasgos románticos. Desde 1849 desarrolló un estilo realista y representó escenas de la vida cotidiana, retratos, desnudos o paisajes. Daba gran importancia a su actividad política y participó en la Revolución de 1848 (no intervino directamente) y en la Comuna de París de 1871. A partir de 1849 se vuelve realista y rechazará la idealización del arte y la belleza arquetípica. Escoge sus temas de la realidad cotidiana, refleja el trabajo y al trabajador como nuevo héroe, la vida al aire libre, la ciudad con sus calles, cafés y bailes, la mujer y la muerte. Creía que el arte podría subsanar las contradicciones sociales. De obra provocadora, su pintura suscitó enormes polémicas por la elección de temas vulgares. Murió en Suiza en 1877.

Su pintura fue renovadora e inauguró el realismo. Su ataque contra el Romanticismo incluyó ciertas dosis de escándalo. En ”La siesta” muchos leyeron -con acierto- una mirada sobre la homosexualidad femenina. Aún así, con toda su intencionalidad proclamada y de manifiesto, la obra es sólida por los cuatro costados. En 1866 realiza “L´origine du monde”, una obra polémica que estaría más de un siglo guardada en las bodegas del hoy Musée d´Orsay
  
"L´origine du monde", de Gustav Courbet 
“L´origine du monde”, de Gustav Courbet (1866)Musée d´Orsay

La femme à la vague (1868), de Gustave Courbet

 La femme á la vague. (1868). Courbet 

Óleo sobre lienzo, 65×54 cm.
The Metropolitan Museum of Art of New York

 

 

 

 
 

Rodin o la fuerza de un ciclón

Mayo 13, 2008

Rodin

Andromède, mármol de Auguste Rodin (1885)

Auguste Rodin (París, 12 de noviembre de 1840-Meudon, 17 de noviembre de 1917), es el más grande escultor francés, un ciclón para la escultura europea. De sus manos saldrán algunas de las imágenes que definen el siglo XIX, el siglo de Nietszche.

El pensador

El pensador

Las puertas del infierno. Museo Rodin.
Las puertas del infierno. Museo Rodin.

Enmarcado en el academicismo más absoluto de la escuela escultórica neoclásica, François-Auguste-René Rodin, nacido en París el año 1840, es el escultor encargado no sólo de poner fin a más de dos siglos en busca de la mimesis en las artes tridimensionales, sino de dar además un nuevo rumbo a la ya obsoleta concepción del monumento y la escultura pública, es por esto que Rodin ha sido denominado “el primer moderno” en la historia del arte.

Educado en la Escuela de Artes Decorativas de París, un ámbito no sólo ajeno al de las bellas artes, sino además menospreciado por éstas, Rodin dedicó gran parte de su juventud a acumular conocimientos sobre anatomía que en más de una oportunidad le valieron la envidia y el descontento de los escultores reconocidos como tales por la Academia de Bellas Artes de París. Célebre fue el escándalo en torno a su escultura La edad de bronce (1875), de la cual se dijo que, debido a su perfección, los moldes habían sido sacados directamente del cuerpo del modelo y no de una arcilla hecha por el artista, como se debe hacer en el método del vaciado en Bronce: tal acusación era deshonrosa para cualquier escultor y Rodin, contando con la ayuda de amistades influyentes como el pintor y escultor impresionista Edgar Degas, logró salir de la disputa no sólo victorioso, sino que además con una fama que lo puso inmediatamente entre los artistas más importantes de París.

Posterior a este escándalo su escultura se dividió en dos líneas distintas. La primera, a la cual denominó “alimentaria”, era la escultura decorativa de la cual vivía y, como su nombre lo dice, se alimentaba a sí mismo y a sus amantes, entre las cuales se contó su amiga y ayudante la escultora Camille Claudel. La segunda, más popular y transgresora, es conocida como su obra pura y trascendente en la historia del arte occidental.

Pertenecientes a esta última línea de trabajo, podemos encontrar a sus monumentos y encargos más importantes, tales como Los burgueses de Calais (1884) y el célebre Monumento a Balzac (1897), famoso debido a la revolución de la escultura en el espacio público generada por su elaboración. Para Rodin el artista no debía ser un esclavo del modelo, al contrario: era el artista el que escogía, con su propio ojo y sensibilidad, al objeto a representar y por medio de su imaginación era capaz de modificarlo para crear así una imagen totalmente nueva a los ojos del mundo. Es por esto que, en una mirada anatómicamente estricta, podría decirse que las figuras que construye carecen de una lógica en cuanto a las proporciones, pues las proporciones son dadas por las exigencias del sentimiento que se ha querido plasmar y no por reglas biológicas.

Rodin

Torse d´Adèle, mármol de Rodin (hacia 1882).

Rodin había estudiado la anatomía no para ser dominado por ella, sino que para usar al cuerpo humano como una herramienta de expresión de la psicología y los sentimientos humanos. Estas ideas las podemos ver plasmadas en su obra más importante, Las Puertas del Infierno (1880-1917), para las que en un comienzo fueron pensadas las figuras El pensador (Le Penseur), El beso (Le Baiser) y Dánae. Estas puertas, originalmente hechas para un supuesto museo de artes decorativas de París que nunca fue creado, tienen como tema el Infierno de Dante Alighieri, y en ellas Rodin plasma algunos pasajes de este libro usando como narración los cuerpos de los personajes involucrados. La figura central, El pensador, es un retrato del Poeta Dante, el cual se ve afectado por lo que está viendo (Frisos con las figuras pecadoras bajo él) e influenciado por las fuerzas divinas que anuncian la desgracia sobre su cabeza (Tres sombras o retrato triple de Adán). Los historiadores del Arte también coinciden en esta escultura a la propia figura de Rodin: un hombre que se aterra frente al mundo en el cual le toca vivir, en el que la tecnología da paso a milagros como el cine, y está justo en el centro, donde debe elegir entre enmarcarse en la tradición o revolucionar las artes escultóricas.

El proceso por el cual están hechas sus esculturas es el vaciado, y aunque en la actualidad conocemos estas piezas trabajadas en bronce, en su época Rodin elaboraba estas piezas en yeso: vaciaba el yeso, material usado como borrador y desechado por los escultores, como una manera de criticar al circuito del arte y a la escultura en mármol (blanco igual que el yeso, pero infinitamente más costoso), reconocida como la única oficial.

Rodin

Le baiser, yeso de Rodin (hacia 1890)

Su mensaje era claro, la imagen es superior al material en el cual está construida. La contemporaneidad de Rodin no sólo radica en el gran cuestionamiento acerca de la validez de la formación académica en las bellas artes, sino que además en aspectos puramente plásticos como lo son el uso de la serie (utilizar varias veces la misma imagen en diferentes contextos, formatos y tamaños), el collage (unión y separación de distintas piezas para generar imágenes nuevas), la importancia del soporte (que hasta la época era un pedestal altísimo que separaba al público de la obra, eliminado por Rodin por considerarlo demasiado elitista), y el uso de la anatomía como una herramienta para la manifestación de la espiritualidad humana.

Rodin

Femme nue à la jambe gauche écartée. Carboncillo y manchas de gouache de Rodin (1890)

Entre las influencias más importantes de Rodin se encuentran Miguel Ángel y la casi desconocida obra escultórica de Edgar Degas.

 


Alphonse Mucha

Abril 28, 2008

Alfons Mucha

Ropas vaporosas, sus cabellos entrelazados, espirales, adornos florales y folclóricos, todo se une en un sinuoso ritmo que embellece cada pequeño detalle y eleva lo cotidiano al nivel artístico. Simplemente es un autor que merece ser recordado  

ALPHONSE MUCHA

Alphonse Mucha

Alfons Maria Mucha ['alfɔns 'marɪja 'muxa] (24 de julio de 186014 de julio de 1939) fue un pintor y artista decorativo checo,  uno de los máximos exponentes del Art Nouveau.  Nació en la ciudad de Ivancice, Moravia. Sus habilidades para el canto le permitieron continuar su educación secundaria en Brno, capital de Moravia; sin embargo desde niño se sintió principalmente atraído por el dibujo. Trabajó en empleos de pintura decorativa en Moravia, principalmente para obras teatrales. En 1879 se mudó a Viena para trabajar con una compañía vienesa de diseño teatral logrando informalmente completar su educación artística. Cuando en 1881 un incendio destruyó el negocio de sus empleadores, regresó a Moravia, trabajando de manera independiente, haciendo pinturas decorativas y retratos. El Conde Kart Khuen de Mikulov lo contrató para decorar con murales el Castillo de Hrusovany Emmahof, y este último quedó tan gratamente impresionado que acordó apadrinar el aprendizaje formal de Mucha en la Academia de Bellas Artes de Múnich. Mucha se mudó a París en 1887 y continuó sus estudios en la Académie Julian y en la Académie Colarossi, produciendo al mismo tiempo ilustraciones para revistas y publicidades. Su salto a la fama lo logró con su primer cartel litográfico para la actriz Sarah Bernhardt y su Théâtre de la Renaissance, el cartel anunciaba la obra Gismonda, de Victorien Sardou.

Gismonda

Gismonda. 1894. Litografía.

Apareció en los primeros días de enero de 1895 en los muros de París, y causó una auténtica sensación. Sarah Bernhardt ofreció inmediatamente a Mucha un contrato de exclusividad por seis años. Los carteles realizados para ella contribuyeron a difundir la fama de la actriz más allá de las fronteras de Francia. Hasta 1901, Mucha no solo fue responsable de los carteles publicitarios, sino también de las escenografías y los vestuarios del Théâtre de la Renaissance. Fue esta obra, con su estilo exuberante y estilizado, lo que le dio tanto fama. Cuando Mucha visitó Estados Unidos fue reclutado por la excéntrica actriz Leslie Carter, quien trató de superar el lujo y la ostentación de las obras de teatro de Sarah Bernhardt, lo que finalmente la llevó a la ruina. El formato y la configuración de los carteles eran parecidos a los hechos para el Théâtre de la Renaissance antes de 1900, con una influencia de las alhajas creadas para Georges Fouquet.

Obra

 Mucha produjo una gran cantidad de pinturas, pósteres, avisos e ilustraciones así como diseños para joyería, alfombras, empapelados y decorados teatrales en lo que se llegó a conocerse como el estilo Art Nouveau. Los trabajos de Mucha frecuentemente introducían mujeres jóvenes, hermosas y de claro erotismo, flotando en atuendos clásicos, frecuentemente rodeadas de exuberantes flores las que a veces formaban halos detrás de sus cabezas. Este estilo fue imitado con frecuencia. De todos modos, Mucha intentó distanciarse de tal estilo a lo largo de su vida, insistiendo que más que adherir a cierto estilo en boga, sus pinturas se originaban en su propia inspiración. Declaró que pensaba que el arte existía para transmitir un mensaje espiritual y nada más; de allí su frustración por la fama que logró a través de un arte básicamente comercial. Por ende siempre quiso concentrarse más en proyectos elevados que ennoblecieran el arte y su lugar de nacimiento. Al tiempo de su muerte, el estilo de Mucha se consideraba ya pasado de moda, pero el interés por su arte revivió en la década de 1960, y continúa experimentando interés de manera periódica desde entonces, influenciando a ilustradores contemporáneos (Mucha también puede ser considerado el pionero del diseño artistico publicitario). Gran parte del interés en el trabajo de Mucha puede ser atribuido a su hijo, el autor Jiri Mucha, quien escribió extensamente sobre su padre y dedicó gran parte de su vida a llamar la atención hacia las obras de aquel.

Salon des Cent

Salon des Cent. 1896. Litografía.

//www.masmenosuno.com/wp-content/uploads/2006/12/AlfonsMucha_3.jpg” porque contiene errores. 

Las Artes, danza. 1898. Litografía.

Job by Alphonse Mucha 

Job. 1896. Litografía.

Cassan Fils. 1895. Litografía.

The Moon And The Stars, Evening Star by Alphonse Mucha 

*La Luna y las Estrellas, La estrella de la tarde 1902

Summer by Alphonse Mucha 

* Verano 1896

Nature by Alphonse Mucha 

Nature.  1900. Bronce.

Madonna of the lilies

Madonna of the lilies. 1905. Óleo sobre tela. Mucha Museum, Praga.

Girl with loose

Girl with loose hair and tulips. 1920. Óleo sobre tela. Mucha Museum.

 Fate

Fate. 1920. Óleo sobre tela. Mucha Museum, Praga.

 


Hodler

Diciembre 26, 2007

<i>Autorretrato parisino </i>(1891), de Ferdinand Hodler
Autorretrato parisino (1891), de Ferdinand Hodler

Ferdinand Hodler (1853-1918) es un pintor suizo cuya fama apenas ha cruzado la muralla de los Alpes. Si en los museos de su país -en Ginebra, Berna, Zúrich, Basilea, Winterthur, etcétera- o en las casas de sus compatriotas se encuentran telas de Hodler, pocos son los museos extranjeros -en París, el Museo d’Orsay tiene tres obras suyas, en Alemania está representado en la Staatsgalerie de Stuttgart- que las poseen. Por eso una retrospectiva dedicada a Hodler es un acontecimiento y hay que aprovechar la oportunidad que nos ofrece el Museo d’Orsay de descubrir reunidas más de 80 de sus pinturas (febrero de 2008). Para Hodler, París fue la ciudad de su consagración. Su gran composición simbólica, La nuit (1891), en la que el pintor aparece desnudo, tendido, siendo poseído por una figura enlutada que es difícil no identificar con la muerte, y entre otras parejas, también desnudas, y compuestas por personajes perfectamente reconocibles en la época, entre ellos la esposa y la amante de Hodler, provocó un escándalo en Ginebra, pero fue acogida con grandes elogios en la capital francesa, entre ellos el de Puvis de Chavannes, artista que Hodler había escogido como referencia. Si Puvis tiende a idealizar, Hodler es de un realismo agresivo. La composición es abiertamente simbólica, busca la esencia casi abstracta de lo representado, pero el trazo es preciso y potente. Frente a la minuciosidad de unos impresionistas empeñados en capturar el instante, los simbolistas pretenden dar a la pintura una significación espiritual. Eso no comporta un estilo común -entre Hodler, Gustave Moreau y Odilon Redon, por ejemplo, no hay afinidades en un plano estrictamente formal-, pero sí un discurso concomitante en el que el erotismo se hace místico, en el que los personajes se funden con la naturaleza y ellos y los paisajes son portadores de otro mensaje que el de su mero parecido.

La misión que Hodler se fija en tanto que artista -”expresar el elemento eterno que existe en la naturaleza, a saber, la belleza”- tiene como objetivo último “revelar un nuevo orden de las cosas” cuya percepción “será bella gracias a la idea de conjunto que se desprenderá de ella”. Las figuras humanas aparecen a menudo al margen de cualquier signo de temporalidad, envueltas en túnicas o ropajes que se quieren eternos. “Lo que hace que todos seamos uno es más importante que lo que nos diferencia”, dice para explicar su preferencia por una cierta repetición de recursos -”la repetición de formas parecidas”- en su búsqueda de “una unidad poderosa, de una armonía religiosa”.

La comunión con la naturaleza, a menudo convertida también en unas pocas líneas, en un ritmo de nubes que se superpone a la línea del horizonte, es tan obsesiva como dramática es su crónica visual de la enfermedad y muerte de una amiga, Valentine, de la que realiza casi 200 dibujos y pinturas mostrando los estragos del tumor, una serie que alterna con otra no menos impresionante de vistas del lago Leman. Por el Museo d’Orsay, que lleva años explorando el arte de la segunda mitad del XIX y principios del XX, han desfilado el polaco Jacek Malzewski, el danés Willumsen o el francés Maurice Denis, todos ellos emparentados con el movimiento simbolista en un momento o a lo largo de su vida. Las exposiciones citadas -o la actual y la dedicada al impresionista holandés Jongkind- abren la puerta a una revisión en profundidad de otros movimientos o temas. ¿Para cuándo la llamada pintura de historia?

<i>La nuit</i> (1889-1890), de Ferdinand Hodler
La nuit (1889-1890), de Ferdinand Hodler

Comparando su obra con la de Edvard Munch, el Simbolismo se aleja y se aproxima al realismo.

‘El grito’, de Munch (detalle)
'La Madonna', de Munch (detalle)
‘La Madonna’, de Munch (detalle)

Obra de Hodler

Die Uhrmacherwerkstätte in Madrid, 1879
Oil on canvas
82 x 93 cm
Kunstmuseum Lucerne, Switzerland

The Convalescent, 1880
Oil on canvas
Oskar Reinhart Foundation, Winterthur

Portrait einer Frau, 1884-1890
Oil on canvas
55 x 46 cm
Wallraf-Richartz-Museum, Cologne, Germany

Lesender Mann (Man Reading), 1885
Oil on canvas
28 5/8 x 23 3/8 inches (73 x 59.5 cm)
Private collection

Surprised by the Storm, 1886-87
Oil on canvas
Oskar Reinhart Foundation, Winterthur

Der Salève im Herbst, 1891
Oil on canvas
70 x 51 cm
Kunstmuseum Lucerne, Switzerland

Tired of Life, 1892
Oil on canvas
149,7 x 294,0 cm
Neue Pinakothek, Munich, Germany

The Disillusioned One, 1892
Oil on canvas
22 1/8 x 17 3/4 in. (56.2 x 45.08 cm)
Los Angeles County Museum of Art

Herbstlandschaft bei Solothurn, circa 1893
Oil on canvas
33 x 46 cm
Kunstmuseum Lucerne, Switzerland

The Chosen One, 1893-94
Tempera and oil on canvas
Kunstmuseum, Berne

Porträt der Berthe Jacques, Frau des Künstlers, 1894
Oil on canvas
33,5 × 28 cm
Private collection

Frauenbildnis, 1895
Oil on canvas
42 x 38 cm
Kunstmuseum Lucerne, Switzerland

Study for Day, 1898/1899
Oil on canvas
41 7/8 x 39 3/8 in. (106.3 x 100.0 cm)
Detroit Institute of Arts, Michigan

Sadik Belig, 1900
Oil on canvas
Meadows Museum at Southern Methodist University, Dallas, Texas

Der Tag III, circa 1900/1910
Oil ,on canvas
170 x 368 cm
Kunstmuseum Lucerne, Switzerland

Emotion, 1901-02
Oil on canvas
Private collection

Jüngling mit Blume, circa 1902
Oil on paper
42 x 29,5 cm
Private collection

Spring, 1904
Oil on canvas
102.5 x 129.5 cm.
Museum Folkwang, Essen

Calme de soir, 1904/05
Oil on canvas
Kuntsmuseum of Winterthur Hall

The Lac Léman, 1905
Oil on canvas
80 x 99 cm.
Stiftung für Kunst, Winterthur

Lied aus der Ferne, 1. Fassung, 1906
Oil on canvas
140 x 120 cm
Kunstmuseum St.Gallen, Switzerland

Landscape on Lake Geneva, C. 1906
Oil on canvas
59,8 x 84,5 cm
Neue Pinakothek, Munich, Germany

Die heilige Stunde, 1906/07
Oil on canvas
H: 193 cm, B: 113,5 cm
Schleswig-Holstein Museums, Germany

James Vibert, Sculptor, 1907
Oil on canvas
25 1/2 x 26 in. (64.7 x 66 cm)
The Art Institute of Chicago

Andey Peak, Arve Valle in Haute Savoie, 1909
Oil on canvas
H. 67.5; W. 90.5 cm
Musée d’Orsay, Paris

Stockhorn von Oberhofen aus, 1910
Oil on canvas
63.4 x 80 cm
Kunstmuseum Lucerne, Switzerland

The Woodcutter (Der Holzfäller), 1910
Ink, paper; lithograph
Sheet dimensions: 21 1/2 x 16 1/4 in. (54.61 x 41.275 cm)
Dallas Museum of Art, Texas

Der Holzfäller (The Woodcutter), 1910
Oil on canvas
H.130; B.101cm
Musée d’Orsay, Paris

Der Holzfäller, circa 1910
Oil on canvas
130 x 105 cm
Kunstmuseum Lucerne, Switzerland

Lake Thun and the Stockhorn Mountains, 1910
Oil on canvas
83.00 x 105.40 cm
National Galleries of Scotland, Edinburgh

The Sacred Hour (Die Heilige Stunde), Circa 1907-Circa 1911
Oil on canvas
72 x 89 in. (182.9 x 226.1 cm)
Cincinnati Art Museum, Ohio

Lake, 1910-1912
Oil on canvas
44.5×64.5 cm
Hermitage Museum, Saint Petersburg, Russia

Das Breithorn, circa 1911
Oil on canvas
67 x 89 cm
Kunstmuseum Lucerne, Switzerland

The Grand Muveran, c. 1912
Oil on canvas
27 3/4 x 37 in. (70.5 x 94 cm)
The Art Institute of Chicago

Autoportrait avec les yeux ouverts III, 1912
Oil on canvas
Kuntsmuseum of Winterthur
Beckmann, Hodler, Lehmbruck

Madame Valentine Godé-Darel malade, 1914
Oil and gouache on canvas
H. 0.47 ; L. 0.4
Musée d’Orsay, Paris

Bildnis Carl Spitteler, 1915
Oil on canvas
65 x 80 cm
Kunstmuseum Lucerne, Switzerland

Self-Portrait, smiling, 1916
Oil on canvas
Kuntsmuseum of Winterthur
Beckmann, Hodler, Lehmbruck

Genfersee mit Salève und Montblanc-Kette im Hintergrund, 1918
Oil on canvas
61 x 80,5 cm
Kunstmuseum Lucerne, Switzerland

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