Museo romano de Palencia

Marzo 28, 2009

Museo romano de Pedrosa de La Vega (Palencia)

En Pedrosa de la Vega (Palencia), el nuevo edificio de los arquitectos Ángela García de Paredes e Ignacio García-Pedrosa funde su escultural fachada con el paisaje. Su contenido es tan antiguo como sus cimientos: la planta de una espléndida villa romana del siglo IV y una fascinante colección de mosaicos. El oecus de la villa, el salón principal donde se celebraban banquetes y cuya decoración demostraba la categoría social del propietario, se compone de uno de los mosaicos policromados mayores del mundo. Todo es antigüedad y vanguardia, en medio del llano palentino. Los arqueólogos que han analizado la villa romana de La Olmeda, Pedro de Palol durante veinte años y José Antonio Abásolo hoy, coinciden en que debió de ser un incendio, y el cese en la actividad de los propietarios -se presume que eran acaudalados tratantes de caballos- lo que enterró esta villa del bajo imperio romano durante siglos. Fue el dueño de estas tierras, Javier Cortes, quien en 1968, azada en mano, se topó con un bloque de piedra. La vida de Javier cambió para siempre. Comenzó a excavar más de 3.000 metros de villa, incluidas unas termas, una piscina, un patio porticado y las sucesivas necrópolis (tres descubiertas hasta la fecha, la primera con más de 500 tumbas). Javier Cortes almacenaba en su vivienda de Saldaña, el pueblo del que fue alcalde, los centenares de monedas, las cerámicas, las herramientas o las vasijas de vidrio que se encontraron entre los ajuares fúnebres y que hoy se conservan en la iglesia de San Pedro de Saldaña, rehabilitada como museo.

A finales de los sesenta, Cortes declinó la oferta de compra que le hizo el Museo Arqueológico Nacional con el fin de exhibir las piezas en Madrid. Dedicó su dinero y su tiempo a descubrir y conservar los mosaicos en su lugar de origen. En 1980 donó el yacimiento a la Diputación de Palencia. En 1996 la villa fue declarada Bien de Interés Cultural. Para entonces, Cortes, volcado en sus estudios de arqueología, ya era un experto en mosaicos. “Era capaz de reconocer la procedencia de todas las piedras. Recibía consultas de especialistas de todo el mundo”, cuentan hoy los arquitectos. Javier Cortes murió el pasado día 3. No pudo inaugurar la nueva vida de su villa del siglo IV arropada por unas instalaciones del siglo XXI.

El nuevo edificio es, en realidad, una inmensa cubierta capaz de ofrecer una vista general del yacimiento y, sin embargo, capaz también, gracias al uso de telas metálicas semitransparentes, de separar la antigua villa por estancias para ayudar la imaginación de los visitantes. Por fuera, el nuevo edificio está arropado por una piel de acero cortén perforada que forma una fachada irregular, texturada y sorprendente. Cuando, circulando por la carretera que conduce de Palencia a Saldaña, el edificio se adivina en el horizonte, éste se confunde con alguna de las muchas choperas que salpican el paisaje. Como las ramas de los árboles, las planchas de acero cortén se aligeran con la altura. Las hendiduras aumentan su tamaño y se ensanchan desde el zócalo hasta la cubierta. Para frenar el fuerte viento de la llanura, las planchas forman un zigzag y esos quiebros aumentan el juego de los reflejos externos. En el interior, una hazaña estructural hace que la inmensa cubierta parezca levitar sobre la antigua villa. Un suelo de madera de ipe pavimenta las pasarelas por donde el visitante puede ahora adentrarse en la villa con la rara oportunidad de no perder nunca de vista la inmensa planta de la misma: 3.000 metros cuadrados rebosantes de mosaicos.

Vista exterior del Museo romano de Palencia

Fuente: EL PAÍS


Etruscos en la Toscana

Enero 31, 2008
 

Domènec Umbert)

Aunque los etruscos son parte de la Historia de las civilizaciones, sabemos bien poco de ellos. No es de extrañar: sus peculiaridades lingüísticas, etnográficas, políticas, religiosas y culturales les diferenciaron de cualquier pueblo que habitara la Italia antigua. Sigue sin saberse si era un pueblo oriental que se trasladó desde Asia menor a la Toscana o se trataba de una comunidad autóctona. Lo que sí se sabe es que en sólo dos siglos, entre el X y el IX antes de Cristo se hicieron por la mayor parte de la Italia prerromana y que alcanzaron una sorprendente sofisticación. Eran diferentes a otros pueblos contemporáneos. Aristóteles les describió así: “Los etruscos comen en compañía de sus mujeres, que yacen con ellos como iguales”. Fue el único pueblo que no sólo confió a sus mujeres los trabajos con tejidos, sino que se ocupaban de administración de los bienes económicos. Una exposición, titulada Príncipes etruscos. Entre Oriente y Occidente (primero, en Barcelona y después en Madrid), ofrece un recorrido por lo que fue la vida de sus élites. Un centenar de objetos procedentes del Museo del Louvre, los museos etruscos de Roma y el Museo Arqueológico Nacional de Florencia, entre los que hay esculturas, elementos arquitectónicos, objetos de ajuar doméstico, cerámica y refinadísimas joyas realizadas en oro y piedras preciosas. La exposición está montada de manera que el visitante pueda seguir de una manera muy didáctica el origen, vida y final de este pueblo. Centrada en las formas de vida de las élites aristocráticas (los dueños de la tierra, de las minas y comercio), se cuenta que los príncipes y comerciantes etruscos compraban oro en las minas próximas al Guadalquivir. Sus artistas realizaban después brazaletes, collares, anillos o prendedores que han inspirado hasta el abuso él último diseño en joyería. Un pueblo con una arte de figuras hieráticas y miradas fijas, pero gestos y posturas apacibles.