Maruja Mallo

Septiembre 29, 2009

Maruja Mallo (c. 1925)

Maruja Mallo -pseudónimo de Ana María Gómez González- (Vivero, Lugo, 5 enero 1902 – Madrid, 6 febrero 1995), fue una pintora surrealista española. Cuarta hija de Justo Gómez Mallo y Pilar González, se tralada con la familia a Avilés, donde comienza a copiar ilustraciones de las revistas de la época. Traba amistad con el pintor avilesino Luis Bayón, más tarde numerario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Con 20 años, viaja a Madrid en 1922 para estudiar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (hasta 1926). Allí se relaciona con artistas y escritores como Salvador Dalí, Federico García Lorca, Luis Buñuel, María Zambrano o Rafael Alberti, con el que mantiene una relación amorosa. En 1927 forma parte de la denominada Escuela de Vallecas con Alberto Sánchez, Benjamín Palencia y Luis Castellanos, entre otros. Mallo descubre las periferias, los márgenes oscuros de la ciudad y su pintura ahonda en territorios olvidados, que condensa en la serie Cloacas y campanarios, lugares donde Maruja Mallo ofrece su mirada de anatomías y fragmentos seniles.

Elementos para el deporte (1927), de Maruja Mallo

'Estampa (Escaparate)' (1927), de Maruja Mallo

De la mano de Miguel Hernández, descubre Castilla la Nueva y trabaja para numerosas revistas literarias: La gaceta literaria, El almanaque literario o la Revista de Occidente. 

La verbena (1927), de Maruja Mallo

En 1928, José Ortega y Gasset organiza una exposición de su obra en los salones de la Revista de Occidente. Sus diez óleos representaban poblados llenos de sol, toreros y manolas, así como estampas coloreadas de maquinaria, deportes y cine de principios de siglo. La exposición fue todo un acontecimiento cultural.

Fiesta popular (1928), de Maruja Mallo

Mujer con cabra (1929), de Maruja Mallo

La huella (1929), de Maruja Mallo

Plástica escenográfica (1930), de Maruja Mallo

Segunda República Española

Hacia 1931 su pintura da un giro radical. Marcha a París en 1932 gracias a una pensión de la Junta de Ampliación de Estudios. Allí conoce a René Magritte, Max Ernst, Joan Miró y Giorgio de Chirico y participa en tertulias con André Breton y Paul Éluard. Expone en la galería Pierre Loeb, y deja  impregnar su obra de cierto Surrealismo, presente en sus trabajos aunque no siempre con la definitoria importancia con la que muchas veces se etiqueta su estilo. Sin embargo, resultan incuestionables los postulados que adopta en esa estancia sobre los estudios matemáticos de Torres-García y del ensayista Matila C. Ghyka, definitorios de forma inmediata y en su trayectoria posterior, que advertimos en los bocetos de sus cerámicas, los retratos bidimensionales o los bodegones del exilio.

El espantapeces (1931), de Maruja Mallo

Maniquí, de Maruja Mallo 

André Breton le compró en 1932 el cuadro titulado Espantapájaros, obra poblada de espectros que hoy es considerada una de las grandes obras del surrealismo.

Figura (1932), de Maruja Mallo

Tierra y excerementos (1932), de Maruja Mallo

De regreso a Madrid, participa activamente en la Sociedad de Artistas Ibéricos. Para entonces el gobierno francés compra uno de sus cuadros para exponerlo en el Museo Nacional de Arte Moderno. En 1933, Maruja Mallo comprometida con la República, se dedicó a enseñar dibujo y cerámica en el madrileño Instituto de Arévalo. Un año más tarde, estudia matemáticas y geometría a fin de aplicarlos en su obra, principalmente en la cerámica. Del Surrealismo atípico pasa a un tremendismo de las periferias (según escribe Rafael Alberti en La Gaceta Literaria). Muda hacia naturalezas y anatomías de esquemas, recurre a formas sintéticas, frugales, que manifiestan su ordenación geométrica. Nuevas obras que, junto a su creciente seducción por la escenografía y el determinante trabajo con la cerámica, detectamos en Esqueleto (1933) o Arquitectura mineral (1933), dibujos que maceran la mirada experimental que brillará en años venideros.

Mensaje del mar (c. 1933), de Maruja Mallo

Maruja Mallo 1

La sorpresa del trigo, de Maruja Mallo 

A partir de 1936, comienza su etapa constructiva, mientras que sigue exponiendo con los pintores surrealistas en Londres y Barcelona. Participa como docente en las Misiones Pedagógicas, que la acercan a su tierra natal, Galicia, donde a los pocos meses le sorprende la Guerra Civil Española. En sus viajes le acompañan bocetos de La religión del trabajo, novedosa serie de obras donde quedan integradas todas sus obsesiones, la naturaleza, el orden y la vida, claves que reiteran su estilo definitivo. La sorpresa del trigo (1936) resume mínimos componentes de gran intensidad poética y Arquitectura humana (1937) concilia símbolo y naturaleza, precepto y poética. Magníficos trabajos dominados por la línea y la composición fundamental, sin adjetivos, donde siguen vigentes los fundamentos de Torres-García y Ghyka.

Maruja Mallo en su estudio de Madrid (1936)

Desde allí huye a Portugal. Toda su obra cerámica de esta época es destruida en la guerra. Poco tiempo después, su amiga Gabriela Mistral, embajadora de Chile, la ayudó a trasladarse a Buenos Aires, donde siguió pintando, dando clases y cultivando amistades, entre ellas, Pablo Neruda.

Exilio

En Argentina recibe un rápido reconocimiento, colabora en la famosa revista de vanguardia Sur, en la que también participaba Borges. Es una etapa de su vida en la que se dedica a viajar, vive entre Uruguay y Buenos Aires, y a diseñar, pintar, en definitiva a crear y crear.

Maruja Mallo, con manto de algas, en Chile (sin fecha)

En América, Maruja llena de color sus obras y acentúa lo onírico, lo esotérico, lo cósmico. Naturalezas terrenales y marítimas retratan sus dos décadas y media de exilio, que constatamos en el mural del cine Los Ángeles de Buenos Aires o en sus Naturalezas vivas de conchas, flores y algas, de misterios y vida. De nuevo las algas, que visten su cuerpo en las fotografías en las playas de Chile, idean también una simbólica e invisible arquitectura de vida, de tránsitos y órdenes pensados, las múltiples voces de esta mujer transgresora, vitalista e independiente.

 

También se suceden las exposiciones: París, Brasil y Nueva York. De su paso por Buenos Aires, el Museo del Dibujo y la Ilustración, ateora en su colección dos temperas sobre papel, representando animales mitad real y mitad fantásticos. Con 37 años publicó el libro Lo popular en la plástica española a través de mi obra (1939), donde vemos su vocación geométrica, las representaciones de la naturaleza y los retratos, constantes conceptuales que rotan en su obra. Resulta definitoria su relación con el componente colectivo, con un registro popular, plasmado en su libro: los temas referidos a lo natural son sus pilares (paisajes periféricos, escenas simbólicas, bodegones simétricos hasta mundos espaciales, temas oníricos). Relatos que se ordenan, como veremos, en esquemas y arquitecturas que evolucionan en su trayectoria. Inquieta la construcción de un orden, una identidad, un armazón conceptual que se mantiene como guion creativo, en prototipos, construcciones, máscaras e iconos del mar o de la tierra. Estructuras que también afectan a sus retratos, temática imprescindible que completa su repertorio, donde prevalecen las protagonistas femeninas en grandes figuras, alegóricas, como enigmáticas mujeres de perfil o danzando bajo esquemas geométricos en Estrellas de mar (1952). Los retratos de mujeres son muy cracterísticos, con un estilo precursor del arte pop estadounidense. Comienza además una etapa cósmica, dedicada a recrear la naturaleza suramericana con su serie de Marinas.

Cabeza de mujer (1941), de Maruja Mallo

Naturaleza viva (1942), de Maruja Mallo

Naturaleza viva (1943), de Maruja Mallo

Naturaleza viva (1943), de Maruja Mallo

Naturaleza viva (1943), de Maruja Mallo

Naturaleza viva 2 (1943), de Maruja Mallo

El racimo de uvas (1944), de Maruja Mallo

Huida, de Maruja Mallo

Maruja Mallo 2

Retrato de mujer negra, de Maruja Mallo

Racimo de uvas y conchas, de Maruja Mallo

Cabeza de negra (1946), de Maruja Mallo 

'Ouro (retrato bidireccional)' (1951), de Maruja Mallo

Estrellas de mar (1952), de Maruja Mallo

Dos máscaras (1950-1955), de Maruja Mallo

Con la llegada del peronismo, Maruja deja Argentina y se traslada a Nueva York, para regresar a España en 1965. La que fuera una de las grandes figuras del surrealismo de preguerra es casi una desconocida en su tierra y su vida pública desaparece. Pero no le importó, se instaló en Madrid, y casi como un símbolo dibuja de nuevo la portada de la Revista de Occidente. En 1979, comenzó su última etapa pictórica con Los Moradores del vacío, tenía ya 77 años, pero aún conservaba esa frescura y vitalidad que la acompañaría durante toda su vida.

Protoesquema (c. 1982), de Maruja Mallo

En la década de los 90 le ofrecieron varias exposiciones y premios, como la Medalla al Mérito en las Bellas Artes y el Premio de Artes Plásticas de Madrid. El 6 de febrero de 1995, muere en Madrid a los 93 años.

Obra

  • La Verbena (1927)
  • La huella (1929)
  • Cabeza de mujer (1941)
  • Máscaras (1942)
  • Naturaleza viva (1943)
  • El racimo de uvas (1944)
  • Oro (1951)
  • Agol (1969)
  • Geonauta (1975)
  • Selvatro (1979)

 

Falleció Maruja Mallo (Heraldo de Aragón, 8-02-95)

VER: Obras y EL PAÍS


Ciudades sin civilización, por Antonio Muñoz Molina

Septiembre 26, 2009

Madriz, revista dirigida por Louis-Charles Tiar (2007)

Madriz, revista dirigida por Louis-Charles Tiar aparecida en 2007

No puede haber civilización sin ciudades”, escribe Saul Bellow, “pero hay ciudades sin civilización”. Él se refiere a Chicago, la ciudad de los terribles inviernos sin misericordia de la gran Depresión; yo leo la novela en la que vienen esas palabras, The Adventures of Augie March, una mañana de agosto, en Madrid, sentado al fresco de los plátanos y los magnolios gigantes del paseo del Prado, que es una de las islas más indudables de civilización que pueden encontrarse en una ciudad europea, y por donde paso tantas veces camino de algunas de las instituciones más civilizadas que conozco: el Museo del Prado, la Real Academia, el Thyssen, el Botánico, el Reina Sofía, las librerías de viejo de la cuesta de Moyano, sin olvidar el añadido más reciente, la extraordinaria sede de la Fundación La Caixa, con su jardín vertical y sus viejos muros de ladrillo como suspendidos en el aire, una nave industrial de hace un siglo levantada sin peso en la ciudad del presente.

Uno de los rasgos de la civilización es que siempre es más frágil de lo que parece y siempre está amenazada. Un poco más arriba del paseo del Prado y del de Recoletos se abrió en la ciudad en los primeros años setenta el cráter imperdonable de la plaza de Colón, que no es una plaza sino un descampado sin alma de torres especulativas y tráfico como de autopista, con algo de urbanismo apocalíptico suramericano. En el paseo del Prado y en Recoletos se puede caminar siempre al amparo de los árboles: en Colón uno se ve arrojado a una intemperie de sol homicida o de vientos invernales, arreado en manadas para cruzar a toda prisa los pasos de cebra. La llamada plaza de Colón es una muestra infame de lo que estaban haciendo con las ciudades los planificadores, los teóricos del urbanismo y los grandes expertos en los años sesenta y setenta, cuando la capitulación institucional ante los intereses de los especuladores y de los fabricantes de coches aún se revestía con la máscara conveniente de la modernidad, del progreso implacable. Le Corbusier y sus discípulos alumbraban el camino del porvenir, que más que un camino resultaba ser una gran trama de autopistas. Hasta bien entrado el siglo XX las tecnologías del transporte colectivo se habían integrado sin quebranto en el tejido de las ciudades y habían contribuido a su expansión orgánica: las líneas de metro y de tranvías permitían el nacimiento de nuevos vecindarios hechos a la medida de los pasos humanos; los tranvías circulaban con la misma eficacia por las calles sinuosas de los cascos antiguos y por las perspectivas despejadas en las que las ciudades se abrían al campo. Cuando yo llegué a Granada, en 1974, acababan de clausurarse las líneas de tranvías, que comunicaban el centro de la ciudad con la Vega del Genil y con las estribaciones de Sierra Nevada. En Granada todavía quedan nostálgicos del tranvía de la Sierra, construido por un ingeniero ilustrado que se llamaba Santa Cruz, al que fusilaron los matarifes falangistas en el verano de 1936. Uno tomaba el tranvía en una acera arbolada de la ciudad y subía en él por la orilla del Genil hasta las laderas colosales del Veleta.

Los terribles expertos dictaminaron que cualquier obstáculo que se interpusiera a la circulación de los coches merecía acabar en los mismos basureros de la Historia a los que según Trotski estaban condenados quienes se resistieran a la revolución soviética. Para el advenimiento de la nueva civilización las ciudades resultaban un enojoso obstáculo. No sólo estaban hechas de calles estrechas y de edificios vulgares agregados a lo largo de épocas diversas: también estaban habitadas. Y la gente que las habitaba vivía y trabajaba en un desorden que sacaba de quicio a los entendidos, partidarios de que cada cosa se hiciera racionalmente en su sitio, de acuerdo con los planes utópicos que ellos mismos diseñaban, llenos de preocupación paternal por el bienestar de ese populacho, pero poco amigos de observar de cerca cómo eran sus vidas. El remedio contra los males, desde luego verdaderos, del hacinamiento y la pobreza, era el derribo, y tras él la autopista y la imposición del coche. A la destrucción de los barrios populares de Nueva York el planificador urbano Robert Moses le daba un nombre inapelable, aunque también involuntariamente siniestro: “La guadaña del progreso”.

En los primeros años cincuenta la guadaña del progreso se disponía a llevarse por delante algunos de los lugares más civilizados de Manhattan: una autopista de diez carriles iba a atravesar el Soho, Little Italy, Chinatown y el Lower East Side. Uno nunca llega a saber de verdad lo precaria que es la civilización, lo peligroso que es dar nada por supuesto: para agradecer de corazón la delicia de pasear por Washington Square, distraerse mirando a los músicos o a los saltimbanquis callejeros o a los jugadores de ajedrez, sentarse en el césped y distinguir las primeras torres de la Quinta Avenida por encima de las copas de los árboles, conviene tener presente que todo eso estuvo a punto de ser destruido hace ahora cincuenta años, porque justo por ese lugar Robert Moses había decretado que pasaría otra autopista. La guadaña del progreso no actúa por capricho: si el tráfico ha de fluir a tanta velocidad como sea posible a través de la isla, lo racional, lo inevitable, es abrirle paso.

Washington Square no fue salvada por ningún arquitecto. Ningún experto en urbanismo alzó entonces su voz contra lo que hoy nos parece un delito inconcebible. Washington Square existe ahora gracias a una mujer, Jane Jacobs, tan poco experta en nada que ni siquiera tenía un título universitario. Vivía cerca, en la calle Hudson, en el corazón del Village, y llevaba a sus hijos a jugar a la plaza. Sus primeras camaradas en la sublevación urbana fueron las madres de los amigos de sus hijos, “unas cuantas locas con carritos de niños”, según dijo Robert Moses, con la furia despectiva de los grandes expertos cuando alguien sin más cualificación que el sentido común se atreve a llevarles la contraria. En 1961, cuando Washington Square y las calles del Village ya no corrían peligro gracias al movimiento de rebeldía iniciado por ella, Jane Jacobs escribió su hermoso manifiesto en defensa de las ciudades caminadas y vividas, The Death and Life of Great American Cities. Murió el año pasado, una anciana diminuta y bravía comprometida hasta el final en la defensa de esa forma frágil y necesaria de vida en común que es la civilización y que no puede existir sin las ciudades. Un libro recién salido -Wrestling with Moses, de Anthony Flint- cuenta la crónica de su rebelión y conmemora su legado. En el corazón desventrado de Madrid, lleno de zanjas y de máquinas empeñadas en obras demenciales por culpa de un alcalde ebrio de megalomanía y de despilfarro que ahora amenaza insensatamente el paseo del Prado, yo me acuerdo de Jane Jacobs y me pregunto melancólicamente si sería posible aquí una rebelión como la suya, un levantamiento cívico que salve a Madrid de expertos y de políticos y de especulares y le permita ser una ciudad civilizada.

VER:EL PAÍS Babelia


13 escudos de oro junto al Puente Romano

Septiembre 22, 2009

Hallados 13 escudos de oro de Carlos III en Córdoba (2009)

En los alrededores del Puente Romano de Córdoba, a raíz de unas catas para bajar el nivel en torno a la Puerta del Puente, los arqueólogos han hallado un pequeño tesoro: 13 escudos de oro fechados entre 1776 y 1801, la época de Carlos III. Las monedas se encontraban enterradas bajo una capa de cal y han permanecido en perfecto estado de conservación durante estos dos siglos. El tesoro ha aparecido cuando los arqueólogos se encontraban estudiando los estratos que han dejado a la luz las obras de un nuevo colector, que pasa por el exterior de la antigua muralla. Enrique León, director de la intervención arqueológica, ha declarado que el hallazgo ”se encontraba una rampa de acceso que iba desde la Puerta del Puente al embarcadero, también conocido como arrecife”. Justo allí aparecieron las 13 monedas, depositadas juntas, sin continente alguno que las encerrase. “Por las fechas en las que nos movemos, podemos pensar que, ante la llegada de las tropas napoleónicas francesas del general Dupont, que saquearon la ciudad en julio 1808, una persona decidiese esconder las monedas antes de que se las robasen”, explica Enrique León. “Ese espacio era usado como vertedero de desechos orgánicos y de obra. Además, muy cerca de allí, dentro de las murallas, había mucha presencia de gente, por los comercios y tabernas que existían”. El continuo aporte de tierra y basura, unido a lo concurrido del sitio, pudo hacer que la localización posterior del tesoro fuese casi imposible.

13 escudos de la época de Carlos III hallados en Córdoba (septiembre de 2009)

VER: EL PAÍS


McDonald’s

Septiembre 21, 2009

El primer local en la historia del servicio rápido de comidas fue inaugurado por los hermanos Richard y Maurice McDonald en 1948, en San Bernardino, California, (EE.UU.). Un menú limitado y un alto volumen de ventas caracterizaron el éxito del nuevo restaurante. En 1954, Ray Kroc, por entonces proveedor de la máquina de batidos, sorprendido por la magnitud del pedido de equipos de “multi-mixers” solicitado, visitó el local de los hermanos McDonald y les propuso abrir más locales. Un año más tarde, los hermanos McDonald le otorgaron a Kroc los derechos exclusivos para la comercialización y explotación del negocio de McDonald’s. De esta manera, el 15 de abril de 1955 se inaugura en Des Plaines, Illinois (EEUU) el primer local de McDonald’s Corporation. A partir de ese momento, Kroc hizo de los McDonald’s la mayor organización de servicio rápido del mundo basando su éxito en la filosofía operativa del sistema McDonald’s: Calidad, Servicio, Limpieza y Valor.

En 1967 la cadena abrió su primera sucursal fuera de los Estados Unidos y en 1990, se inauguró el primer McDonald’s en Moscú, todo un símbolo de los nuevos tiempos tras la caída del muro de Berlín. McDonald’s es una empresa que cambió la forma de hacer los negocios en el mundo. Es una marca basada en la filosofía de Ray Kroc quien impulsó el negocio y tuvo la visión de construir una gran familia de hombres y mujeres que trabajan con todo el mundo para servir al cliente, ofreciéndole una comida de la mejor calidad en forma rápida, en un ambiente limpio y seguro y con una atención amistosa y amable.

McDonald’s es la mayor red de locales de servicio rápido de comidas del mundo con un importante potencia de crecimiento: 45 millones de personas de la población mundial comen por día en uno de los 27.000 locales McDonald’s distribuidos en los 120 países de los 5 continentes.

McDonalds en España

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McDonald’s se expande en plena crisis. La compañía no es inmune a la crisis, pero se mueve en ella mucho mejor que el resto del sector. En España, crece en facturación año a año, de forma sostenida. En 2007, 707 millones, un 7,4% más que el año anterior; en 2008, 757 millones, un 6,6% más. En paralelo, nacen nuevos restaurantes. En 2009, la firma abrirá 17 establecimientos en España, cuatro de ellos en Andalucía. Para 2010 están previstas cinco aperturas más en la región y para 2011, cuatro. En total, y a nivel nacional, McDonald’s sumará este año 1.000 nuevos puestos de trabajo a la plantilla de 19.700 empleados de sus 400 restaurantes. Andalucía cuenta con 67, que dan empleo a 3.350 personas.

Ahora el público demanda productos más baratos, y la compañía lanzó una oferta de diez productos a un euro, que ha tenido una excelente acogida. La sociedad, además, no sólo mira más a McDonald’s para consumir; también para trabajar. La empresa admite que muchas personas que no pensaban en el sector de restauración “de servicio rápido” como alternativa consideran ahora la opción.

Para sostener el crecimiento, McDonald’s España cuenta con una infraestructura sólida, y una parte de ella está en Andalucía. Cada día salen de las dos plantas de Esca Food Solutions en Toledo -empresa independiente que fabrica sus hamburguesas- 50.000 kilos de carne de vacuno y 35.000 de pollo. Esta ingente producción llega a los centros logísticos de Havi Logistics, repartidos en Madrid, Barcelona, Tenerife, Gran Canaria y Osuna (Sevilla), y desde allí se distribuyen a los establecimientos.

Para llegar a eso, es necesaria una red estable de proveedores. Y McDonald’s -en concreto, Esca Food Solutions- la tiene. El 75% de sus clientes son españoles. Esca cuenta con 25 mataderos y salas de despiece en España. Sólo uno está en Andalucía, aunque de prestigio. La cooperativa cordobesa Covap envía desde 2005 vacuno a Toledo todas las semanas. Si la carne se reparte por toda España, otros productos están más localizados: los tomates y lechugas proceden de Navarra y Murcia, y de esta última comunidad también viene el gazpacho; las cebollas son extremeñas, y la leche y los helados los hacen en Asturias. El pan, por último, es suministrado desde Daganzo, en Madrid.

McDonald’s tiene su fórmula y no la cambia. Innova en sus ofertas pero la pieza de carne que sirve de base a la hamburguesa es siempre la misma. Tiene la misma medida y el mismo peso en todo el mundo, y es carne picada procedente por sistema del cuarto delantero y de la falda de la vaca. Antes de establecer cualquier contrato comercial con un proveedor, Esca prepara una auditoría en la que verifica las instalaciones y comprueba la higiene de los procesos. Una vez dado este paso, Esca somete al cliente, además, a un sistema en el que comprueba que los primeros pedidos se ajustan a los protocolos establecidos. A raíz de la crisis de las vacas locas, McDonald’s reforzó los controles con una auditoría hecha por una empresa independiente para los mataderos, con el objetivo de dar más credibilidad al sistema.

La filosofía es tener controlado el proceso desde el origen, y por eso McDonald’s promueve desde hace diez años un código de buenas prácticas que, entre otras cosas, establece un mínimo para las instalaciones y la maquinaria, un control veterinario de los animales, una forma adecuada de gestión de los residuos y normas para la identificación y trazabilidad del animal. Hasta 30.000 explotaciones en todo el país prestan sus servicios a Esca, y el 9% de ellas son andaluzas. La mayor parte está en Cádiz.

VER:El Día de Córdoba


HM abre en Córdoba

Septiembre 18, 2009

logo_H&M

La cadena sueca H&M, una de las cadenas más importantes del mundo dedicada a la venta de textil, abre tienda en Córdoba. Hennes&Mauritz, -es decir, H&M-, ha elegido un edificio de tres plantas situado en la calle Gondomar, entre la sede de la constructora Prasa y la tienda de ropa Zara, su máxima competidora en el mercado. Y no es la primera vez que H&M escoge un local cercano a una tienda de Inditex para ubicar la suya. Ya lo hizo en la Gran Vía de Madrid o en la calle Tetuán de Sevilla

Fundada por Erling Persson en 1947, H&M se ha convertido en una de las marcas de ropa más importante, con representación en 34 países y más de 1600 tiendas en todo el planeta. H&M nació cuando Persson abrió una pequeña tienda de ropa de mujer con la pretensión de poder vender artículos a precios bajos. Esta tienda recibió el nombre de Hennes (”para ella” en sueco). Al cabo de unos años, abrió una réplica de este modelo de tienda, pero en este caso vendiendo ropa para hombre. El establecimiento recibió el nombre de Mauritz Widforss. De ahí nace el nombre de la marca Hennes&Mauritz, que en los últimos años ha pasado a identificarse con las siglas H&M. La cadena se dedica a la distribución de ropa de mujer, de hombre, de niño y de todo tipo de complementos tales como zapatos, bolsos y accesorios. También tiene una línea para un público más joven. Los precios bajos junto con la incorporación de los elementos de tendencia en sus colecciones son la clave del éxito de esta marca.

H&M cuenta con diversas tiendas en Andalucía (Sevilla, Marbella, Málaga, Roquetas de Mar y Almería), aunque ninguna en Córdoba. En 2006, el grupo H&M facturó 8.567 millones de euros, gracias a las más de 1.600 tiendas con que cuenta en 34 países del mundo, aunque es en Alemania donde su fuerza es mayor. Por otra parte, emplea a más de 60.000 personas, entre las que se encuentran diseñadores, patronistas, responsables de compras, economistas y vendedores de la ropa, que la empresa encarga a proveedores independientes, ya que H&M no fabrica las prendas, sólo se limita a diseñar.

H&M colabora con importantes diseñadores de moda con los que proyecta periódicamente colecciones con gran revuelo mediático. Algunos de los diseñadores que han colaborado con la firma sueca son Roberto Cavalli, Comme des Garçons o Matthew Williamson. En la imagen, colección presentada por la famosa cantante Madonna, una cara recurrente en su publicidad.

Imagen de la campaña de H&M con la cantante Madonna


Perfumerías Aromas

Septiembre 16, 2009

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Aromas ha inaugurado una nueva perfumería en Córdoba (Arroyo del Moro, 25). Con esta nueva tienda de media superficie (460 m2), son ya 17 los puntos de venta en Córdoba y provincia (5.700 m2). Desde el pasado noviembre, Aromas ha incrementado su red en cinco perfumerías. Los nuevos establecimientos están situados en Huelva, Roquetas de Mar (Almería), Sevilla (2) y Córdoba. Además, se han reformado las tiendas situadas en el Centro Comercial Ronda Tamarguillo (Sevilla), pasando de 200 m2 a 525 m2, y de Santa Catalina (Sevilla), primera apertura bajo la enseña Aromas en la década de los 90. Para el último trimestre del 2009, abrirán sus puertas una nueva Perfumería Azahar y una nueva Perfumería Aromas, en Chiclana de la Frontera (Cádiz) y en el Centro Comercial Puerta Europa en Algeciras (Cádiz), respectivamente. Tras estas dos aperturas el Grupo alcanzará 21 puntos de venta en Cádiz y provincia (4.320 m2).

Grupo Cardoso, con 107 tiendas, opera en el mercado mayorista y minorista de perfumería, cosmética, higiene personal y del hogar bajo las enseñas Aromas, Aromas Joven, DA-MAS y Azahar. Los ingresos del grupo en 2008 ascendieron a 106 millones de euros. La plantilla del grupo es de 534 personas

VER: Europa Press


NH + Hesperia

Septiembre 15, 2009

Hotel Hesperia Tower (Barcelona)

Hotel Hesperia Tower, en L´Hospitalet (Barcelona)

El empresario gallego José Antonio Castro, dueño del grupo Hesperia, lleva años intentando tomar el control de NH Hoteles, ocho veces mayor. La crisis ha obrado el milagro: las dos partes sellaron la paz en septiembre de 2009. Hesperia, que había logrado hacerse con un 25% del capital de NH, fusiona su estructur con el gigante catalán. Hasta ahora, NH, presidida por Gabriele Burgio, no permitía que su competidora entrara en el Consejo y pudiera husmear.

NH y Hesperia no protagonizarán ninguna fusión societaria, pero sí fundirán la gestión de sus respectivos negocios hoteleros. El tronco del pacto es éste: Hesperia se queda con el 25% que ya posee en NH (en el verano de 2008, pese a su endeudamiento, Hesperia acudió a la última ampliación de capital de NH por un importe de 225 millones de euros, en la que desembolsó 55,6). Según los primeros datos, NH será quien gestione los 51 establecimientos de Hesperia y en dos meses se resolverán flecos más o menos gruesos como la marca bajo la que operarán. El acuerdo consolidará a NH como primera cadena española de hoteles urbanos. José Antonio Castro, de Hesperia, entrará en el Consejo de Administración de NH y en otros órganos ejecutivos de la compañía (en la última junta de accionistas, Hesperia, quejosa, reclamó tres consejeros). Otro dato: el consejo de NH propondrá a sus accionistas ampliar del 10% al 20% la limitación existente de los derechos de voto de los accionistas, y también bajar al 51% el quórum para eliminar o cambiar este tope.

Hesperia será el primer accionista de NH, con un 25%. Le siguen Caja Madrid (10%), la Kutxa (5%), Bancaja (5,7%), Pontegadea (Amancio Ortega, 5,1%), Ibercaja (5%), Banca Intesa San Paolo (5%) y Hoteles Participados (5%). El pacto, asesorado por GBS Finanzas, no se ha valorado por las partes. En el sector se considera que el precio de los contratos de gestión no alcanzará los 20 millones. NH, que hasta julio de 2009 perdió 41 millones, en Bolsa vale 1.023 millones (sept. 2009). La noticia supuso una subida en Bolsa del 2,77%, hasta los 4,26 euros por título.

VER: EL PAÍS