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Córdoba Judía

11 junio 2007

La ciudad de Córdoba tiene alma judía, un alma pequeña, pero como podréis comprobar en este trabajo, un alma que sigue viva a pesar del tiempo transcurrido, a través de restos inaprensibles, de señales casi difuminadas, de recuerdos inconexos. La Córdoba musulmana es más visible, bien sabe Dios. La Mezquita es el ejemplo más excelso, más perfecto y acabado, pero ni mucho menos el único. La Córdoba cristiana está viva y rodea a la ciudad por todas partes.

Los comienzos de una cultura

maimonides.jpgCuando la cultura y el poder en Andalucía estaban representadas por el Califa Abd ar-Rahman III, quien hizo de Córdoba la capital cultural del Oeste, Córdoba fue lugar de encuentro y prosperidad para los judíos, una verdadera Edad de Oro. Estudiaron árabe y erigieron prósperas comunidades en Sevilla, Granada y Córdoba, la capital. Bajo el Califato, los judíos podían preservar sus ritos y tradiciones. La coexistencia pacifica condujo a su florecimiento económico y social. Poco a poco comenzaron a obtener posiciones importantes en la administración del Califato y también se distinguieron como hábiles artesanos.

Desempeñaron un papel en las caravanas que cruzaban las rutas principales de Al-Andalus y sus ciudades, siendo pieles, telas y alhajas sus mercancías principales. La comunidad judía de Córdoba gozó de un crecimiento extraordinario bajo la protección de Abd ar-Rahman III, y contaban con el apoyo real en sus relaciones con el Estado.

El judío mas importante de la época fue Hasday Ibn Shaprut, el eficaz médico personal y ministro del Califa. Fue él quien recibió a Juan de Gorze, enviado del emperador alemán Otto I; quien negocio tratados con los embajadores de Constantino VIII de Bizancio, y quien curó la obesidad de Sancho I de León, mientras simultáneamente concluía tratados con el. Sabia latín y árabe; con el hebreo relegado ahora principalmente a funciones culturales y litúrgicas, tradujo el tratado: “Materiales médicos de Dioscórides”.

image002.jpg La caída del Califato condujo a la aparición de los reinos de Taifa y a la persecución de los judíos, en agudo contraste con el periodo de tolerancia. Pese a ello, los judíos eran valorados como consejeros, médicos y políticos, particularmente Ibn Nagrela de Granada. Con las invasiones almorávides y almohades, los judíos comenzaron a buscar refugio en los reinos cristianos del Norte. La Edad de Oro de Al-Andalus había concluido. La prosperidad de la que habían disfrutado los judíos bajo el Califato Cordobés y la influencia de la cultura árabe sobre ellos, les había permitido destacarse como hombres de ciencia y como figuras literarias, pero especialmente como médicos. El contacto abierto con el Oriente y el Occidente produjo un tipo de judío con conocimientos amplios y que podía ser simultáneamente poeta, médico, científico y filósofo, en particular en Ciencias Naturales, Astronomía (esta última disciplina con una considerable influencia árabe).

Después de la caída del Califato, los reinos de Taifa vivieron una época de florecimiento cultural para los judíos de España. La filosofía y la ciencia fueron favorecidos, y los judíos descollaron como intelectuales, administradores y diplomáticos, y especialmente como poetas. Fue el Siglo de Oro de la poesía Hispano-Hebraíca. Citemos a Samuel Ibn Nagrelle ha-Nagid

Yehuda ha-Levy fue el primero en escribir en castellano. Su poesía religiosa es hermosa y lograda. Las Siónidas constituyen el grito eterno del alma judía por la pérdida de Jerusalem. Abraham ben Ezra fue uno de los hombres mas educados y cultivados de la época. Estudió gramática, filosofía, poesía, ciencias, astrología…y viajó a través de Italia, Francia e Inglaterra, trayendo consigo la cultura Hispano-arabe e Hispano-hebraica. Escribió en hebreo y latín para judíos y cristianos. Era célebre por sus trabajos en astronomía y sus exégesis de la Biblia. Pero la cima del pensamiento judío de todas las épocas fue la figura cordobesa de Rabbi Moshe ben Maimon, Maimónides. A pesar de haber pasado la mayor parte de su vida fuera de España, siempre se consideró sefardí, es decir, español. Sus obras filosóficas iban a influir sobro todos los grandes pensadores de la Edad Media. En 1190 escribió su obra mas importante, La guía de los perplejos, en la cual armoniza la fe con la filosofía, el hombre con la divinidad. También fue el autor de los famosos Trece artículos de fe.

Las Juderías. La vida de los judíos en España se caracterizó por la constrcucción de juderías, pequeñas barriadas de casas y calles abigarradas. Una de las juderías más importantes fue la de Cérdoba, entre las murallas y la mayor Mezquita de Occidente. La puerta de Almodóvar da paso a la antigua aljama cordobesa tras la que serpentean las estrechas callejas. En la calle Judíos se encuentra la Sinagoga, una de las tres que quedan en España, y a la cual se accede a través de un portón y un patio. Fue edificada en 1315 y tras la expulsión de 1492 sirvió como hospital y cofradía de zapateros. En 1885 fue declarada Monumento Nacional. En la parte superior se encuentra la tribuna de las mujeres y conserva una decoración de atauriques con arcos polilobulados e inscripciones hebraicas en los muros.

Costumbres. Para un judío, el ritual religioso comienza casi con el nacimiento: a los ocho días el niño es circuncidado según el pacto establecido entre Ha-Shem y Abraham. A los trece años, el muchacho celebra en la sinagoga su Bar-Mitzbá, ceremonia por la que es admitido como miembro de la comunidad con sus derechos y obligaciones. Las niñas celebran una ceremonia a los doce años, pero de carácter privado.

Novia judia vestida con traje berberisco, tradicional entre los seferdies, fotografiada durante la «noche de novia»Otra fiesta religiosa importante es sin duda el matrimonio, que consta de dos partes: el nissím o ceremonia y la Ketubá o contrato.

La Sinagoga es el templo judío. Está situada hacia Oriente, hacia Jerusalem, la Ciudad Santa, y en ella tienen lugar las ceremonias religiosas. Las mujeres asisten a los oficios en una tribuna, separadas de los hombres. Aparte de las fiestas, el día sagrado es el sábado. En las ceremonias se lee la Torá y el oficio está dirigido por los rabinos ayudados por el cohen.

La comida judía sigue un complicado ritual basado en la observancia de la Ley. En la Torá se especifica cuáles son los animales puros o impuros, los que no se deben comer, como la liebre o el cerdo. La prohibición de comer sangre obliga a desangrar a los animales en la carnicerías y también está prohibido mezclar la carne con la leche. Las fiestas tienen gran importancia para los hebreos y conservan una significación religiosa. El Rosh ha Shaná; día de Año Nuevo, cae en otoño, la sinagoga se viste de blanco y se hace sonar el shofar. Es una fiesta alegre que contrasta con la de Yom Kipur, el día del Perdón. En ella se guarda un ayuno de veinticuatro horas y se pide perdón a D-os y a los hombres por las faltas cometidas.

Música judía

Seder. Cena de PascuaOtras fiestas menores son las de Shavuot, o Pentecostés, en la que se lee la Torá y se medita la Ley, la de Shukot o Tabernáculos, en la que se conmemora la estancia de los hebreros en el Sinaí y la de Hanuká o de las Luces, que recuerda la purificación del Segundo Templo tras la victoria de los Macabeos. La de Purím o Suertes es una fiesta profana con ambiente festivo. Otra fiesta es la del Año Nuevo de los Árboles o Tu B’Shevat, que se celebra el 15 de Shevat (aproximadamente febrero) y que marca el comienzo de la Primavera en Eretz Israel, cuando florecen los árboles frutales.

Pero la fiesta más importante para los judíos es sin duda la de Pesah o Pascua. En ella tiene lugar la celebración del Séder o cena pascual en la que se come el cordero, las hierbas amargas y el pan ácimo. Se recuerda en ella la salida de los hebreos de Egipto mandados por Moisés.

Tabernáculo

La Sinagoga de Córdoba es un templo hebreo localizado en la calle Judíos de la ciudad española de Córdoba. Se construyó en el año 1315 (5075 del calendario judío)[1] en estilo mudéjar por alarifes dirigidos por Isaq Moheb. Consta de un patio al que se accede desde la calle y que da paso a un vestíbulo seguido de la sala de oración. Del lado oriental del vestíbulo arranca la escalera que lleva hasta la galería para las mujeres; dicha galería se conecta con la sala de oración mediante tres balcones decorados con arquillos polilobulados. La sala de oración es de planta casi cuadrada con 6,95×6,37 m[2]; tiene cubierta de artesonado y alcanza una altura de más de 6 metros; en su lado oriental se abre el tabernáculo, espacio reservado para la Torá y coronado con arco de grandes lóbulos, enmarcado en un alfiz; alrededor se dispone decoración de lacería. El lado opuesto al tabernáculo presenta un pequeño nicho con arco polilobulado y apuntado, donde estuvo el retablo de Santa Quiteria. La decoración en yeso, con motivos mudéjares, se ha perdido hasta unos dos metros de altura, dejando a la vista el ladrillo de su fábrica. Luego de la expulsión de los judíos en 1492, el edificio se dedicó a diversas funciones: hospital de hidrófobos de Santa Quiteria, Ermita de San Crispín del gremio de los zapateros y escuela de párvulos hasta que fue declarado Monumento Nacional en 1885. Desde entonces pasó por varias fases de restauración como la de Félix Hernández en 1929 y las iniciadas en 1977 hasta llegar a la reapertura del edificio en 1985 con motivo de la celebración del 850 aniversario de nacimiento de Maimónides.

Los Sefardíes. Son los descendientes de los judíos que vivieron en la Península Ibérica (España y Portugal) hasta 1492, y que están ligados a la cultura hispánica mediante la lengua y la tradición. Se calcula que en la actualidad, la comunidad sefardí alcanza el millón y medio de integrantes, la mayor parte de ellos residentes de Israel, los Estados Unidos de América y Turquía. Desde la fundación del Estado de Israel, el término sefardí se ha usado frecuentemente para designar a todos aquellos judíos de origen distinto al askenazí (judíos de origen alemán, ruso o centroeuropeo). En esta clasificación se incluye a los judíos de origen árabe, de Persia, Armenia, Georgia, Yemen e incluso India, que no guardan ningún vínculo con la cultura hispánica que distingue a los sefardíes. La razón por la cual se utiliza el término indistintamente es por las grandes similitudes en el rito religioso y la pronunciación del hebreo que los Sefardíes guardan con las poblaciones judías de los países antes mencionados, características que no se comparten con los judíos askenazíes. Por eso hoy en día se hace una tercera clasificación de la población judía, la de los mizrahim, para garantizar que el término “Sefardí” haga alusión exclusivamente a ese vínculo antiguo con la Península Ibérica. Los judíos desarrollaron prósperas comunidades en la mayor parte de las ciudades españolas. Destacan las comunidades de las ciudades de Toledo, Sevilla, Córdoba, Ávila, Granada, León, Segovia, Soria y Calahorra. En el reino de Aragón las comunidades de Zaragoza, Gerona, Barcelona, Tarragona, Valencia y Palma de Mallorca se encuentran entre las más prominentes. Algunas poblaciones, como Lucena, Ribadavia, Ocaña y Guadalajara se encontraban habitadas principalmente, por judíos. En Portugal, de donde muchas ilustres familias Sefardíes son originarias, se desarrollaron comunidades activas en las ciudades de Lisboa, Évora, Beja y en la región de Trás-os-Montes. Se calcula que en España se asentaron, durante las primeras décadas de la Diáspora, alrededor de 80.000 personas procedentes de Palestina. Este número aumentaría de manera considerable posteriormente. Igualmente, la presencia hebrea en España también se debió a la importación de esclavos por los romanos para diversas actividades.A la caída del Imperio Romano, y la invasión de la península por tribus germánicas, como los visigodos, suevos y vándalos, sobreviene una época de dificultad para los hebreos que en ella vivían. Es en esta época donde comienzan a fraguarse las primeras aljamas y juderías de las ciudades españolas donde hubo grandes asentamientos hebreos.

Sefardíes y el Islam. Las difíciles condiciones en que se encontraban los judíos durante los Reinos Cristianos, hicieron que éstos recibieran a los moros invasores como una fuerza liberadora. No es exagerado decir por tanto, que la población judía de la península, prestó ayuda a las huestes islámicas que venían de África. El año de 711 será recordado como la fecha en que se inicia la “Edad de Oro” de la judería española. La victoria del moro Tariq ibn Ziyad aseguraba un ambiente de mejor convivencia para los hebreos, ya que la mayor parte de los regímenes musulmanes de la Península Ibérica fueron bastante tolerantes en asuntos religiosos, aplicando la ley del impuesto a los judíos y cristianos según lo estipulado en el Corán.La comunidad judía española, durante esta época, fue la más grande, mejor organizada y más avanzada culturalmente gracias a las grandes libertades de que gozaba. Muchos judíos de diversos países de Europa y de los dominios árabes, se trasladaron a España, integrándose en la comunidad existente, y enriqueciéndola en todos los sentidos. Muchos de estos judíos adoptaron el idioma árabe y se desempeñaron en puestos de gobierno o en actividades comerciales y financieras. Esto facilitó en demasía la incorporación de la población judía a la cultura morisca, principalmente en el sur de España, donde los judíos ocuparon puestos importantes y llegaron a amasar considerables fortunas. Protegidos, tanto por reyes cristianos como musulmanes, los judíos cultivan con éxito las artes y las ciencias, destacando claramente en medicina, astronomía y matemáticas. Además, los estudios religiosos y la filosofía son quizás, la más grande aportación. Algunos nombres destacan en las áreas. El rabino cordobés, Moshé ibn Maimón, conocido como Maimónides, se distingue sobre los demás por sus aportaciones al campo de la medicina, y sobre todo en la filosofía. Sus obras, como La guía de los perplejos y los comentarios a la Teshuvot, ejercieron influencia considerable sobre algunos de los doctores de la iglesia, principalmente sobre Santo Tomás de Aquino.

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